La mujer que buen pedo suelta, no puede ser sino desenvuelta.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
Dios castiga sin palo ni piedra
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
De los parientes y el sol, entre más lejos, mejor.
Compañía, ni con la cobija.
Palabras y plumas el viento las tumba.
La blancura de la nieve hace al cisne negro.
A la fea, el caudal de su padre la hermosea.
Hacer una cosa contra viento y marea.
En otoño la mano al moño.
Daño es ser engañado una vez, dos, necedad es.
Con el tiempo y la payeta, maduran los nísperous.
Mujer desnalgada es hombre.
La gente agradecida es gente bien nacida.
Todo el mundo nace poeta.
Cada abeja vive en su colmena y no se mete en la ajena.
Araña de día, carta o alegría.
Bien haya quien a los suyos se parece.
Una obra acabada, otra empezada.
Ver y no tocar, se llama respetar.
La vista de un amigo, refresca como el rocío de la mañana.
La alegría en el alma sana se cría.
Pájaro que huye, no hace daño.
La mejor leña está donde no entra el carro.
El vino es la ganzúa de la verdad.
Buena madera, buen oficial espera.
Nadie da lo que no ha.
A río crecido, sentarse en la orilla.
No gozar para no sufrir, es la regla del buen vivir.
Variante: Si la envidia fuese tiña, ¡qué de tiñosos habría!.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
De la noche en la espesura, hasta la nieve es oscura.
En las cosas del espíritu el que no avanza, retrocede.
Nunca un peligro sin otro se vence.
Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
No existe cosa escondida que con el tiempo no sea bien sabida.
De tal colmena tal enjambre.
Cuida tu cerebro que tu cerebro cuidará de ti.
El trabajo duro purifica el espíritu.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.
La mujer, hermosa y la galga, golosa.
La cascara guarda el palo.
Más se aprende en un día de soledad que en ciento de sociedad.
Azotando el cuerpo de la mujer se ajusta su virtud
La mujer debe estar en casa al atardecer.
Lo mío, mío; y lo tuyo, de entrambos.
La víbora y la mujer tienen la ponzoña en la boca.