Padre, hijo y abuela, tres cucharas y una cazuela.
Justicia y no por mi casa.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
Celos y envidia quitan al hombre la vida.
Guárdate de hombre que no habla, y de perro que no ladra.
Voz del pueblo, voz de Dios.
Donde manda el amo se ata la burra.
Panza llena, quita pena.
La ocasión llega, llama y no espera.
Alcanza, quien no cansa.
Burlas que son veras, otro las quiera.
A ellas padre, vos a las berzas y yo a la carne.
Una deuda, veinte engendra.
Cercón lleva la luna, mi amor se moja.
Ni fía ni porfía, ni entres en cofradía.
Juntos en las duras y en las maduras.
Hogar, llama, bodas y bodas, sueños de todas.
La bonita es más bonita, con la cara lavadita.
Cuando no hay pan ni harina, todo ase vuelven mojinas.
Casarás y amansarás.
Es de sabios, cambiar de opinión.
Cualquier hombre, hasta el más serio, antes cornudo que en el Cementerio.
La hacienda, el dueño la atienda.
El hombre más listo enloquece al amar; la mujer más tonta se vuelve lista cuando ama
La zorra vieja en el lazo se mea.
Hombre prevenido vale por dos y pareja desprevenida vale por tres.
Agárreme, que llevo prisa.
El hombre necio, menosprecia a su madre.
Buen hondero el que mete dos piedras por un mismo agujero.
Cada hombre cuerdo lleva un loco dentro.
Mi nuera es tan elegante, que hasta para fregar se pone guantes.
Según es el dinero, es el meneo.
Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
El hombre propone y Dios dispone.
Miren quién habló, que la casa honró.
A hurón cansado, madriguera nueva.
Casa al hijo cuando quisieres y la hija cuando pudieres.
Buen moro, o mierda u oro.
Si orar es de hermanos, rectificar es de humanos.
Más vale dolor de brazo, pero no de corazón.
Entre mi amigo y mi amiga, primero está mi barriga.
A la Virgen, salves; a los Cristos, credos; pero a los cuartos quedos.
Cual es el hombre, tal su fortuna y nombre.
Lo mío, mío; y lo tuyo, de entrambos.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
Más vale un hoy que diez mañanas.
Ni miento ni me arrepiento.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.
La diligencia es la madre de la buena forma.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.