Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
En los meses de erre, en piedra no te sientes.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Otoño entrante, barriga tirante.
El que peca de modesto, es tirado en un cesto.
El que paga a lo primero, pierde a lo postrero.
No dejes para mañana comida, hembra o vino.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
Villano terco y cazurro, nunca cae del burro.
El ruin cuando más le ruegan, más se ensancha.
Marido rico y necio no tiene precio.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Las desgracias no vienen solas.
Al músico viejo le queda el compás.
Al cabo de los años mil, vuelve el agua a su cubil.
Se queja más que la llorona.
Al roble no le dobles.
Corre más una loca en chanclas.
Hasta en los mocos hay diferencia: unos se tiran al suelo y otros se guardan en pañuelos de seda.
El que para mear tiene prisa, termina por mearse en la camisa.
Peso y medida quitan al hombre fatiga.
Más vale loco que necio.
Quien se mete a maromero, se puede romper el cuero.
Fiar, en Dios y en otro no.
Dos hijas y una madre, tres demonios para un padre.
Burro pelado a trasquilones, a los diez días no se le conoce.
Quien va a la bodega y no bebe, por beber se le cuenta.
Ruego de Rey, mandato es.
El desdichado va por agua al río, y encuentra el cauce vacío.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.
Jugar con fuego es peligroso juego.
Vale pero millones de veces más la vida de un solo ser humano que todas las propiedades del hombre más rico de la Tierra.
Quien bebe tras la cocina, dé una higa a la medicina.
Tres trasteos equivalen a un incendio.
Más rápido cae un mentiroso que un cojo.
Donde la puerta te abren, honra te hacen.
Agárreme, que llevo prisa.
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
Dijo el escarabajo a sus hijos: venid acá mis flores.
Para Santa Teresa, rosa en la mesa.
Pollo nuevo y vino anejo, hacen mozo al hombre viejo.
A barbas honradas, honras colmadas.
Muchas gotas que caen entre la taza y los labios.
El corazón humano es difícil de palpar, como la molleja del pato es difícil de pelar.
Una flecha sola, puede ser rota fácilmente, pero, muchas flechas son indestructibles
Hombre harto, no es comilón.
Pereza, llave de pobreza.
La corneta, lo mismo toca a diana que retreta.
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
No está la Magdalena para tafetanes.