El viento y la marea no esperan a nadie.
A quien tiene ropa y duerme en el suelo, no le tengas duelo.
Mejor ser feo y atrayente, que buen mozo y repelente.
Hay quien no ve su camino.
Hay que desconfiar siete veces del cálculo y setenta veces del calculador.
Mira a quien está sobre ti como a tu padre, y a quien está debajo como a tu hijo.
Una deuda, veinte engendra.
El hombre sin honra, más hiede que un muerto.
A clérigo hecho fraile, no le fíes tu comadre.
Las tumbas se abren a cada instante y se cierran para siempre.
El que ha de ser servido, ha de ser sufrido.
El que pasa por romero y no lo coge, si le viene algún mal que no se enoje.
Tras de maluca tuerta, más le valiera estar muerta.
El vicio, saca la casa de quicio.
A un clavo ardiendo se agarra el que se está hundiendo.
Llegar y besar, suerte es singular.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
Quien prestó, perdió.
Pan con ojos y queso sin ellos.
Hágase el milagro y hágalo Dios o el diablo.
Cuando la zorra predica, no están seguros los pollos.
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
Este no ha perdido la cabeza; porque la trae pegada.
A ver a un velorio y a divertirse a un fandango
El que juega con el tabernero o está loco o le sobra el dinero.
El amor nunca hizo ningún cobarde.
En el marido, prudencia; en la mujer, paciencia.
Aunque te chille el cochino, no le aflojes el mecate.
Aunque la traición place, el traidor se aborrece.
Ama profunda y apasionadamente.
Papel, testigo fiel.
Muerto al agua, borrasca segura.
La muerte lo mismo come cordero como carnero.
Barba pone mesa, que no brazo ni pierna.
En prisión y enfermedad, se conoce la amistad.
La pintura y la pelea desde lejos me la otea.
Cielo aborregado, a los tres días mojado.
De pies a cabeza.
Todo necio confunde valor y precio.
El cerebro es embustero; el corazón verdadero.
Lo que va viene.
A creer se va a la iglesia.
Abierto el saco, todos meten la mano.
Tenés cola que te machuquen.
Fuíme a santiguar y saltéme un ojo.
Cobra buena fama y échate a dormir.
Es mejor malo conocido que bueno por conocer.
Refrán de palo, refrán de fuego.
Hablar poco y mal, es mucho hablar.
Un ciego lloraba un día porque espejo quería.