Si no te aventuras, no tendrás nada.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
Quien no anda despierto, lo toman por muerto.
No hay enemigo chico.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
Cuando la hija le llega a la madre a la cintura, ya no tiene hija segura.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
La fantasía, de hecho, es la cara oculta y secreta de la realidad
Desventuras y penas, a nadie le importan las ajenas.
A pan duro, diente agudo.
Arriba canas y abajo ganas.
Conciencia ancha, la bolsa ensancha.
El cuerdo en cabeza ajena escarmienta.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Quien hace, aplace.
Mujeres y malas noches matan a los hombres.
La mula y la mujer son malos de conocer.
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
La prudencia es la fuerza de los débiles.
Ver para creer.
Quién guarda dos termiteros, vuelve de vacio.
Amor y calentura, en la boca se asegura.
Juventud, calor y brío; vejez, tembladera y frío.
Quien se siente mocoso, se suena los mocos.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
Buen disimulo, se tapaba la cara y enseñaba el culo.
Ocasión y tentación, madre e hija son.
Bella o fea que sea, no la tengas jamás en compañía.
Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé.
Por fiarse del perro, duerme el lobo en el pajar.
El amor es atrevido más que la ignorancia.
Ocasión que se va, quien sabe si volverá.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Cuando anda la lengua, paran las manos.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Quien miente, no habla lo que siente, sino lo que quiere.
Casadme, padres, casadme, que el cuerpo me arde.
Maldigo el diente que come la simiente.
Dar la callada por respuesta.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
Sufrir mujer contenciosa, es brava cosa.
Cuando todo se hierve, te pueden dar gato por liebre.
A buena confesión, mala penitencia.
El diablo, harto de carne, se metió a fraile.
El padre para castigar y la madre para tapar.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
Quien nada sabe de subida, nada sabe de bajada.