La avaricia es mar sin fondo y sin orillas.
Más peligroso que mono con navaja.
Si las paredes hablaran.
Al mal dar, tabaquear.
Ni en pelea de perros te he visto
La ocasión es la madre de la tentación.
El gorrino y la mujer, acertar y no escoger.
Si la mozuela fuere loca, mueve las manos y calla la boca.
A la mujer y a la gata, no les lleves la contraria.
Lo que bien se aprende, jamás se olvida.
Ni bebas sin ver, ni firmes sin leer.
Casa que a viejo no sabe, poco vale.
Amor, tos y humo no se pueden esconder
La voz del asno no pasa del tejado.
La mujer puede tanto que hace pecar a un Santo.
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
Es de los enemigos, no de los amigos que las ciudades aprendan la leccion de construir murallas altas.
La necesidad tiene cara de hereje.
Amor no quita conocimiento.
Jugar al abejón con alguien.
El vicio, saca la casa de quicio.
Barro y cal, encubre mucho mal.
Donde el necio se arruinó, el cuerdo prosperó.
Nada es más fácil de hacer que aconsejar y reprender.
Belleza sin talento, veleta sin viento.
Sacar las castañas del fuego.
Cuando uno esta en malas, hasta la mujer se le niega.
No da un tajo ni en defensa propia.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
El tiempo no perdona a nadie.
Ni compres de ladrón, ni hagas lumbre de carbón.
Lluvia y nieve por enero, son anuncios lisonjeros.
Una abeja no hace colmena.
En la tardanza está el peligro.
Si el cuerpo es derecho no importa que la sombra sea torcida.
Borrachez, de agua; que la de vino es cara y sale a la cara.
Buena razón quita cuestión.
Viendo al payaso, soltando la risa.
La manera de estar seguro es no sentirse nunca seguro.
Vence al enemigo sin manchar la espada.
El letrado y la paciencia ganan la sentencia.
Una persona supero proteccionista tien infortunios (tener cuidado excedente invita desgracias).
Buena olla y mal testamento.
Una pena quita a otra pena.
El que no cae no se levanta.
Vergüenza y virginidad, cuando se pierden, para la eternidad.
No perjudiques los proyectos del Dios ni descubras solo para ti la voluntad del Dios.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.
Todo cojo le echa la culpa al empedrado
Si supiese la hueste lo que hace la hueste, mal para la hueste.