A la mujer casada, no le des de la barba.
Casamiento y señorío, ni quieren fuerza ni quieren brío.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
A la mujer y a la mula, vara dura.
Mientras novia, reina; cuando mujer, sierva.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
La gloria del amante es la persona amada.
Cada oveja con su pareja.
Quien mal se casa, pronto vuelve a casa.
Cura flaco y marido barrigón, ninguno cumple su función.
De hijos y de bienes, la casa llenes.
Hermano ayuda y cuñado acuña.
Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
El que en casarse acierta, en nada yerra.
Hombre que vive de amor y vino, que no se queje de su destino.
Amor comprado, dale por vendido.
Entre hoz y vencejo muere la mujer y huye el mancebo.
La mujer el pan amasa y el viejo mande en casa.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Hombre osado, bien afortunado.
Para el mozo, moza hermosa. Para la moza, mozo gracioso.
En casa con hombres y sin vino, todo anda mohíno.
Hermano mayor padre menor.
Al que tiene mujer hermosa, finca en frontera o viña en carretera, nunca le faltará guerra.
Un día con la suegra, un día de tinieblas.
Novia sin cepas, novio con quejas.
Cuarentón y solterón... ¡que suerte tienes cabrón!.
La novia del estudiante nunca llega a ser la esposa del profesionista.
Amigo reconciliado, enemigo doblado.
Boda sin borracho tenla a milagro.
Para tu mujer empreñar no debes otro buscar.
La mujer llora antes del matrimonio, el hombre después.
Cuando el hombre está de malas, su mujer pare de otro y el hijo se le parece.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.
Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Buena boca y buena gorra hacen más de una boda.
El hombre a tirar el mocho y la mujer al sancocho.
Antes de casarte abre bien los ojos, después cierra uno.
Viudas, casadas y doncellas, buenas son todas ellas.
Ni cabalgues en potro, ni alabes tu mujer a otro.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.
Quien se casa viejo, o pierde la honra o pierde el pellejo.
Mi mujer y yo éramos felices... hasta que nos conocimos.
El duro del casado vale dos cincuenta.
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
Al cabo de un año, las mañas de su amo.
Para quien es mi hija, basta mi yerno.
Casamiento y mortaja del cielo bajan.