Buena gana de comer, rica salsa es.
No hay alguno tan pobre que la muerte no le sobre.
El que come y canta algún sentido le falta.
Camisa y toca negra no sacan al ánima de pena.
A buen amo, mejor criado.
Zanahoria borracha, pan y centeno, llenando la tripa, todo está bueno.
Dios da la harina y el Diablo la maquila.
Comer ajo y beber vino no es desatino.
El invierno es el infierno de los míseros
Una deuda, veinte engendra.
Si la nube es negra, cuídate de la piedra.
El cebo es el que engaña, no la caña.
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
Aunque la lima mucho muerde, alguna vez se le quiebra el diente.
Bodega de buen olor, no ha menester pregón.
Al que no está acostumbrado a bragas, las costuras le hacen llagas.
El que a otro quiere engañar, el engaño en él se puede tornar.
Variante: Sacristán que vende cera y no tiene colmenar, o la saca de la oreja o la roba del altar.
Yo le puedo dar de comer, pero hambre no le puedo dar.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
De buen caldo, buenas sopas.
Al perro flaco, todo se le vuelven pulgas.
Nada se puede esperar de quien no tiene hogar.
El que un bien gozar espera, cuando espera, desespera.
La hermosura, revuelta, mas la fea, ni compuesta.
Mas vale ser rico y sano, que pobre y enfermo.
Buen hablar de boca, mucho vale y poco cuesta.
Pan duro, pero seguro.
Estoy como gallo en corral ajeno
No existe cosa escondida que con el tiempo no sea bien sabida.
Para San Vicente, enero pierde un diente.
Al viejo se le cae el diente pero no la simiente.
Quien dice la verdad, cobra odio.
El tiempo no perdona a nadie.
Alcaraván zancudo: para otros consejo, para ti, ninguno.
El que algo debe, no reposa como quiere.
En bote pequeño la buena mermelada.
Impedir lo que ha de ser, no puede ser.
Está creyendo la beata, que quien reza y peca empata.
La fortuna es ciega y no sabe con quien juega.
El buen vecino, arregla el camino.
A buen bocado, buen grito.
Predicar en desierto es como aconsejar a un muerto.
De vino aguado o agua envinada, no me des nada.
El siguiente vicio es la mentira, si el primero son las deudas.
Quien dice que la pobreza no es vileza, no tiene seso en la cabeza.
No hay novia fea ni muerto rico.
Entre un pastor y una garrota, no pasa la bota.
El que anda pidiendo prestado, no tardará en andar con lamentaciones.
Lo que el Diablo no puede hacer hácelo la mujer.