Rosa que muchos huelen, su fragancia pierde.
No pasa seguro quien corre por el muro.
Mejor es una medida que el Dios te conceda, que cinco mil logradas sin legalidad.
El trabajo sin reposo, convierte a Juan en un soso.
A veces perdiendo se gana.
Casa de esquina, para mi vecina.
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
Febreruco es loco, unas veces por mucho y otras por poco.
Fiar, en Dios y en otro no.
Fruta de hoy, pan de ayer, carne de antier.
Donde hubo pan migajas quedan.
La zorra vieja en el lazo se mea.
Músico pagado, contento pero desafinado.
Sol de invierno caliento poco.
No hay cuesta arriba sin cuesta abajo.
Llanero no bebe caldo ni pregunta por camino.
Difunto que hace tanto bien, requiestcant in pace, amén.
A capa vieja no dan oreja.
No comas ansias.
Este es el cuento de María Sarmiento, que fue a cagar y no encontró siento.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
Si yo tuviera una escoba cuantas cosas barreria.
Más crudo lo come el lobo, y bien le presta.
Porque un borrico te dé una coz, ¿vas tú a darle dos?.
El que todo lo quiere, todo lo pierde.
Cuando árbol cae, los monos se dispersan.
Casa en plaza, los quicios tienen de plata.
El perdigón y el gallo, por Mayo.
A quien el vino no plazca, Dios le quite el pan.
Los negocios no tienen ocio.
No alabes el día hasta que haya llegado la tarde; no alabes a una mujer hasta su pira; no alabes una espada hasta haberla probado; no alabes a una doncella hasta que se haya casado; no alabes el hielo hasta haberlo cruzado; no alabes la cerveza hasta haberla bebido.
Coge brillo cadenita, que tu mojo llega.
Raza de can, amor de cortesano y ropa de villano, no dura más que tres años.
Sacar los trapos al sol.
Al rey muerto rey puesto.
Callar y coger piedras es doble prudencia.
Manantiales de salud son la higiene y la virtud.
Hijo solo, hijo bobo.
Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hincho el papo.
Cuando anda la lengua, paran las manos.
Un hombre cojo aún puede montar a caballo, un hombre sin manos aún puede pastorear ovejas y un hombre sordo aún puede matar; mejor es estar ciego que arder en la pira funeraria. Son los muertos quienes no pueden hacer nada.
Manos besa el hombre, que querría ver cortadas.
Después del conejo ido, pedradas al matorral.
Busca la felicidad en tu casa y no en la del vecino
Dinero de suegro, dinero de pleito.
No es el diablo tan feo como pintado lo vemos.
La franqueza no es agravio, ni ser sincero es resabio.
La muchacha que es bonita, afeites no necesita.
Rascar y comer comienzo ha menester.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.