Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
Mayo templado, mucha paja y poco grano.
Comamos lo tuyo, bueno y santo, que de lo mío no tengo hambre.
La sangre del pobre el rico se la come.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
Quien llega tarde a la fiesta, no logra cena ni orquesta.
El enfermo quiere su vida, el médico quiere sus honorarios.
A la mejor dama se le escapa un pedo.
Mi marido va a la mar, chirlos mirlos va a buscar.
Nadie aprende por cabeza ajena.
No hay ningún rico que entienda a un pobre.
El que vive de ilusiones muere de desengaños.
Si de nogal no dio nueces, de santo, ¿qué te parece?.
No digas nada de mis deudas a menos que pienses pagarlas.
Casa hecha y mujer por hacer.
Hay gente que le das la mano y te agarra el pie.
Como el ungüento blanco, que para todo sirve y para nada aprovecha.
Hormigas en ringlera, o temporal o sequera.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Componte para el marido y no para el amigo.
Quien te aconseja comparte tu deuda
El que a pueblo extraño va a enamorar, va a que lo engañen o a engañar.
Quien nada pide, nada recibe.
Amar y no ser amado es tiempo desperdiciado.
De este destripaterrones venimos los infanzones.
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
Nada complicado da buen resultado.
Hacérsele a uno algo cuesta arriba.
La muerte tiene las piernas frías.
A mujer bonita o rica, todo el mundo la critica.
Variante: Caridad y amor no quieren tambor; en silencio viven mejor.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
No se atrapan moscas con vinagre.
Cada día gallina, amarga la cocina.
Loquillo y los Trogloditas.
Variante: El perro del hortelano, ni come, ni deja comer a su amo.
Cielo aborregado, suelo mojado.
La mala hierba, presto crece.
Tumbando y capado.
No es vergonzoso preguntar, es vergonzoso no preguntar.
En tierra de abrojos, abre los ojos.
La trasquilá, buena o mala, a los cuatro días iguala.
La envidia puede herir a lo que se tiene; pero no a lo que se es.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
No hay mano que pueda para el tiempo
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
Todos los mejores dulces llevan su pizca de sal.
El que ofende escribe en arena; el que es ofendido, escribe en marmol.
Me juzgaba desgraciado por la falta de zapatos, hasta que vi a un hombre que no tenía pies.