A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
Más vale tener que dar, que tener que mendigar.
Bailar con la más fea.
Se coge antes a un cojo, que a un mentiroso.
En claustros de locos, están los más pocos.
La fortuna es de vidrio y se quiebra con cualquier golpecillo.
Muerto que no hace ruido, mayores son las súas penas.
Las palabra muestran el ingenio de un hombre, pero sus actos muestran su intención.
No todo el que trae levita es persona principal
Lo que hace el necio a la postre, eso hace el sabio al principio.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.
De lo bueno, el mundo debería estar lleno.
Un muerto hablando de un ahorcao.
No se envía a un muchacho a recoger miel
Da más vueltas que galleta en boca de vieja.
Quien vive sin disciplina, muere sin honor.
Diciembre tiritando, buen enero y mejor año.
Revuelto el trigo con la cebada, no vale nada.
En Octubre caída de hojas, ubre y lumbre.
Por un gato que maté, me llamaron matagatos.
El corazón engaña a los viejos.
Castígame mi madre, y yo trómposelas.
Días de mucho vísperas de ayuno.
Machete caído indio muerto.
Sol de invierno y amor de puta, poco dura.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
Valgan las llenas, por las vacías.
La oveja mansa, se mama su teta y la ajena.
Las palabras amables enfrían mejor que el agua.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
El pan bien escardado hinche la troja a su amo.
Donde pan comes migas quedan.
A quien te engañó una vez, jamás le has de creer.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
La carne de burro no es transparente.
La ocasión de hacer bien nunca se ha de perder.
Hombre harto, no es comilón.
Gastalo en la cocina y no en medicina.
Callado mata conejo.
Sayo que otro suda, poco dura.
A bien obrar, bien pagar.
No dar su brazo a torcer.
Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.
Buen alimento, mejor pensamiento.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Saber uno los bueyes con que ara.
Te cierran una puerta y te abren diez.
Cuando guían los ciegos, ¡ay de los que van tras ellos!.