Hombre chiquitín, embustero y bailarín.
El mal del milano, las alas quebradas y el pico sano.
Cuando en Diciembre veas nevar, ensancha el granero y el pajar.
Vine en el auto de Fernando, la mitad a pie y la mitad andando.
A la larga, lo más dulce amarga.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Corta es de piernas la mentira y se deja coger en seguida.
Lleva la burra la carga, más no la sobrecarga.
Nunca te cierres la puerta, que el mundo da muchas vueltas.
Quien con mocos va a la guerra con mocos vuelve de ella.
Dar carne al lobo.
Al mal segador la paja estorba.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Si no tienes dinero, pon el culo por candelero.
Rana que canta, señal de agua, la de su charca.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
El tiempo todo lo alcanza, a la corta o a la larga.
Hacerse la boca agua.
En gran casa, gran gasto se amasa.
Hombre prevenido vale por dos.
Septiembre benigno, octubre florido.
Quien amaga y no da, miedo ha.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Si tu mujer trabaja, no tienes con que espantarla.
Náufrago que vuelve a embarcar y viudo que reincida, castigo piden.
Tápate la cara que se te ve el culo.
Amor breve, suspiros largos
El zapato malo malo, más vale en el pie que no en la mano.
Despacio al pensar y pronto al ejecutar.
Como canta el abad responde el monaguillo.
Acertar a la primera no se ve todos los días.
En casa pobre no hay mujer buena.
Un manjar continuado, enfada al cabo.
Del cuero sale la correa.
De dientes pa'fuera.
No tropieza quien no anda.
Por San Martino, mata el pobre su cochino.
De alcalde a verdugo, ved como subo.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
Invierno que mucho hiela, cosecha de fruto espera.
El hombre se arropa, hasta dónde la sábana le llegue.
El duro del casado vale dos cincuenta.
Pobre atestado saca mendrugo.
Cuando la alegría a la sala llega, el pesar esta subiendo las escaleras.
La verguenza es último que se piedre.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Pajar viejo, cuando se prende, malo es de apagar.
La verguenza, cuando sale ya no entra.
Cuando llueve el día de Santa Viviana, tres meses y una semana.
Sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.