Antes de contar, escribe, y antes de firmar, recibe.
La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente.
Sé osado y serás afortunado.
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
Entre una mujer hacendosa y hacendada, la primera más me agrada.
Más vale honra sin barcos que barcos sin honra
Dar el consejo y el vencejo.
Si el camello pudiera verse la joroba, se caería al suelo de vergüenza
Vivir de fiado es la manera de pagar el doble.
En dinero o en querer, mejor que mañana ayer.
Ni por casa ni por viña, cases con mujer mezquina.
A buey viejo, pasto tierno.
Cada cosa a su tiempo, y los nabos en adviento.
Tres ces matan a los viejos: caída, cámaras y casamiento.
La que se enseña a beber de tierna, enviará el hilado a la taberna.
Suerte, y al toro.
Zorra que duerme de día, de noche anduvo de cacería.
El matrimonio es como el framboyán, primero vienen las flores y después vienen las vainas.
El hacer bien a un bellaco, es guardar agua en un saco.
En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, solo garrotazos.
No hay manjar que no empalague, ni vicio que no enfade.
El amor vive en presencia y muere en ausencia.
El pie en el lecho y la mano el pecho.
Perro ladrador, poco mordedor.
El cura, cuando muere un rico, mata un buen cochino.
No hay mayor pena que perder a una mujer buena.
Ve con tu amigo hasta las puertas del infierno. Pero no entres
El hombre que hace su fortuna en un año debería ser ahorcado doce meses antes.
El amor verdadero entra por el agujero.
Aguardiente arrancarejas, no la bebas.
En carnaval todo pasa, hasta los novios a las casas.
Pedir peras al olmo.
A cavador perucho, si le dieres algo, que no sea mucho.
Mal de muchos, epidemia.
Que el amor sea como un paño que envuelve tu vida y tu muerte
Dios te dé salud y gozo y casa con corral y pozo.
Lo que un hombre puede esconder, otro lo puede descubrir.
los hombres son de oro y las mujeres de tela.
El rico nunca está satisfecho.
El odio es motivo de disensiones, pero el amor cubre todas las faltas.
Donde no hay escritura, no hay obligación. Porque las palabras se las lleva el viento.
El momento elegido por el azar vale siempre más que el momento elegido por nosotros mismos.
Obras buenas, hazlas a manos llenas; malas, ni una hagas.
Dar santo y bueno, pero del pan del ajeno.
Levantar la liebre para que otro la mate es disparate.
Quien con fe sabe esperar, ve al fin la suerte llegar.
Cuídate del perro que no ladra y del agua mansa.
A vino de mal parecer, cerrar los ojos al beber.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
Al que quiera saber, mentiras a él.