Malo es tener mozo, pero es peor serlo de otro.
La mujer lo hace, y el marido no lo sabe.
A misa, no se va con prisa.
Saber poco obliga a mucho.
El agua para los bueyes y el vino para los reyes.
Quien a mano ajena espera, mal yanta y peor cena.
Para mal casar, mejor nunca maridar.
El buen libro de las penas es alivio.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Casa en esquina, o muerte o ruina.
Tener tiempo libre conlleva muchas ventajas
La cara bonita y la intención maldita.
Entre santo y santa, cama doble y buena manta.
El que la sigue la consigue.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
De lo bueno, el mundo debería estar lleno.
Cosa prometida es medio debida, y debida enteramente si quien promete miente.
Favor del soberano, lluvia en verano.
Quien menos procura, alcanza más bien.
Jugando, jugando, se dicen agrias verdades de cuando en cuando.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
El que a feo ama, bonito lo ve.
Hijos crecidos, trabajos llovidos. Hijos casados, trabajos doblados.
Buena gana de comer, rica salsa es.
Vase la fiesta y resta la bestia.
Los langostinos, en el mar estaban y ya pedían vino.
Cuerpo harto, a Dios alaba.
Al buen amar, nunca le falta que dar.
Sacar los trapos al sol.
Fuiste doncella y viniste parida; ¡cuántas te tendrán envidia!.
Antes se coge al mentiroso, que al cojo.
La que no tiene marido en siesta, sola se acuesta.
El que a larga vida llega, mucho mal vio y más espera.
Beber y comer, son cosas que hay que hacer.
Ni fea que enfade, ni hermosa que se codicie.
Quien anda en malos pasos, en uno quedará atascado.
A la fuerza, ni la comida es buena.
Mucho preito hace mendigo.
Corderica mansa mama a su madre y a la ajena.
Daños, engaños y desengaños, frutos son de los años.
Cual es el hombre, tal su fortuna y nombre.
Gente parada, malos pensamientos.
El que escoge el amor, siempre escoge lo peor.
A la mesa y a la cama, solo se llama una vez.
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
La justicia de Don Benito, que ahorcaba al hombre y después investigaba el delito.
A los ojos que aman no les avergüenza mirar
Ladrones roban millones, y son grandes señorones.
Tener el juego trancado.