Mucho ofrecer y poco dar, xuntos suelen andar.
Con rastra y soltera, tenla por ramera.
Otros tiempos, otros modos.
Los cascos salen a la botija.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.
Se lastiman a sí mismos los que hacen daño a los demás.
Hacer de un camino, dos mandados.
Al mal dar, tabaquear.
Quien tras putas anda y su hacienda les da, en el hospital parará.
Estornudos y frailes, salen a pares.
Si a tu vecino quieres mal, mete las cabras en su olivar.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
Niño malo no castigado, hácese más osado.
Huerto, mujer y molino, quiere uso continuo.
Mujer hermosa nunca es pobre, y si lo es, es que es tonto.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
El que asierre yarumos, que aguante las hormigas.
A enfermo, niño o anciano, hay que tenderles la mano.
Culos conocidos, a cien años son amigos.
Zapateador que bien zapatea, bien se menea.
Amor y amigo de verba, amigo y amor de mierda.
El mal que a muchos azota, consuelo es para el idiota.
La ociosidad enseña muchas maldades.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
No te hagas mucho el tonto, que al final terminarás siéndolo.
Ruidosa corriente, no ahoga la gente.
El dinero del mezquino anda dos veces el camino.
Caballo ajeno, ni come ni se cansa.
Nadie yerra por callar y hablando mucho, mucho se suele errar.
Casa sin madre, río sin cauce.
Julio calorero, llena bodega y granero.
El perro que mucho lame, chupa sangre.
Antes de decir de otro cojo es, mírate tú los pies.
El que se fue a Tocopilla perdío su silla
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Quien roba poco es ratero; y quien mucho, financiero.
Para alcanzar, porfiar.
Entre una mujer hacendosa y hacendada, la primera más me agrada.
A quien a buen culo se arrima, buenas hostias le propinan.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Cuando me dan lo que quiero, tengo un genio como un cordero.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
No hagas hoy a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti mañana.
El que espera desespera.
Quien con el perro se acuesta, con las pulgas se levanta.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
A los treinta doncellez, muy rara vez.