Hay que tomar el toro por las astas.
Con rastra y soltera, tenla por ramera.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
Los cascos salen a la botija.
Se lastiman a sí mismos los que hacen daño a los demás.
Hacer de un camino, dos mandados.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.
Otros tiempos, otros modos.
Estornudos y frailes, salen a pares.
Quien tras putas anda y su hacienda les da, en el hospital parará.
Huerto, mujer y molino, quiere uso continuo.
Si a tu vecino quieres mal, mete las cabras en su olivar.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
Niño malo no castigado, hácese más osado.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
El que asierre yarumos, que aguante las hormigas.
A enfermo, niño o anciano, hay que tenderles la mano.
Mujer hermosa nunca es pobre, y si lo es, es que es tonto.
Culos conocidos, a cien años son amigos.
Zapateador que bien zapatea, bien se menea.
Amor y amigo de verba, amigo y amor de mierda.
La ociosidad enseña muchas maldades.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
El mal que a muchos azota, consuelo es para el idiota.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Ruidosa corriente, no ahoga la gente.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
No te hagas mucho el tonto, que al final terminarás siéndolo.
El dinero del mezquino anda dos veces el camino.
Julio calorero, llena bodega y granero.
Caballo ajeno, ni come ni se cansa.
El perro que mucho lame, chupa sangre.
Casa sin madre, río sin cauce.
Antes de decir de otro cojo es, mírate tú los pies.
El ave de rama en rama, y el numérito a la cama.
Quien roba poco es ratero; y quien mucho, financiero.
Nadie yerra por callar y hablando mucho, mucho se suele errar.
El que se fue a Tocopilla perdío su silla
A quien a buen culo se arrima, buenas hostias le propinan.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Entre una mujer hacendosa y hacendada, la primera más me agrada.
Para alcanzar, porfiar.
No hagas hoy a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti mañana.
El montañés, por defender una necedad dice tres.
El que espera desespera.
Cuando me dan lo que quiero, tengo un genio como un cordero.
Guay del malo y de su día malo.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
De todos olvidado, muerto y no enterrado.
Dios nos coja confesados.