Abril, Abrilillo, siempre fuiste pillo.
Perros y gatos, distintos platos.
No ofende quien quiere sino quien puede.
El que tiene es el que pierde.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
Ligera de cascos.
El que nace capacho, muere serón.
Fea y con dote, trae a muchos en el bote.
Fraile, manceba y criado son enemigos pagados.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
Dios te guarde de trasera de mula y de delantera de viuda.
Llegar al humo de las velas.
La mala suerte es pelota, que pega pero rebota.
Piensa que vengo de arriar jutes con pistola
Salir del fuego para caer a las brasas.
Bueno de asar, duro de pelar.
El buen hijo a su casa vuelve.
Sabe más que los ratones colorados.
Cachetón en cara ajena, cara cuesta la docena.
Árboles y hombres, por su fruto se conocen.
Buen buey no pisa mata, y si pisa no mata.
San Donato, la picha te ato y si no me lo encuentras no te la desato (para algo que se ha extraviado).
Porotos a medio día y a la noche porotos, mala comida y mala cena.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
Hay quien mea en caldera y no suena, y hay quien mea en lana y atruena.
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
Ir de trapillo.
Quedar como novia de pueblo (vestida y alborotada).
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
Doce gallinas y un gallo comen tanto como un caballo.
Es gusano de la misma guayaba.
Al pobre y al feo todo se le va en deseo.
Otoño entrante, barriga tirante.
Dios conserve a mi patrón, por temor a otro peor.
Caballito de cartón, ni andante, ni galopante, ni trotón.
La mala palabra, más que un guijarro descalabra.
Ratones, arriba, que no todo lo blanco es harina.
Dios le dio novia y el diablo le dará hijos.
Sarna con gusto no pica.
La mentira busca el rincón.
Algo es algo dijo un calvo. Y se encontró un peine sin púas.
Buey sin cencerro, piérdese presto.
Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
El que tiene las lagrimas hondas, que empiece llorar temprano.
Ama y guarda. Amanecerá y veremos.
Quien anda deprisa es el que tropieza.
O se tira de la cuerda para todos, o para ninguno.
La mala fe, no pare hembra.
La que adoba no es María, sino la especiería.