Si quieres sacar miel, sácala por San Miguel.
Quien descubre la alcabala, ése la paga.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Habiendo don, tiene que haber din.
Del viejo, el consejo; de la vieja, la conseja.
Rey serás si hicieres derecho, indigno de ser rey si hicieres tuerto.
Por puerta abierta ladrones entran.
Cuando menos piensa el galgo, salta la liebre.
Un deber fácil no es un deber
Es ligero el tiempo y no hay barranca que lo detenga.
La ley pareja no es dura.
Heredar hace medrar; que no trabajar.
Riqueza vieja es la nobleza.
Costumbre mala, desterrarla.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
Las cadenas de la esclavitud atan solo las manos
El que se fue a Tocopilla perdío su silla
Lo que del corazón rebosa, sálese por la boca.
Encomienda sin renta, a su dueño no sustenta.
El brazo a trabajar, la cabeza a gobernar.
Viendo al payaso, soltando la risa.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
A todo hay remedio sino a la muerte.
Quien no sabe mentir cree que todos dicen la verdad
Quien habla sin razonar, mucho lo ha de lamentar.
Loca está la oveja que se confiesa con el lobo
El mejor premio es merecerlo.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
Salud y fuerza en el canuto.
Quien dice la verdad, cobra odio.
De tu dinero, no hagas a nadie cajero.
Honra y dinero no caminan por el mismo sendero.
Todo lo mudable es poco estimable.
Ruego de Rey, mandato es.
Fiar, en Dios y en otro no.
El que no tiene experiencia, que tenga imaginación.
Sácame de aquí y degüéllame allí.
El que tiene salud es rico.
Fingir locura, es a veces cordura.
Hay que dar tiempo al tiempo.
Con vil dinero, tendrás vela y candelero; sin dinero vil, ni candil.
El que tiene poco y gasta menos, será rico sin parecerlo.
Si eres clemente, serás feliz siempre.
Que no te den gato, por liebre.
La modestia es la auténtica belleza de una mujer
Cruz y raya, para que me vaya.
Por unas saludes, no te desnudes.
Los enemigos de la bolsa son tres: vino, tabaco y mujer.
Amor de corneta, de diana a retreta.
Nos avergonzamos de reconocer lo que le debemos al azar: de todos los benefactores, el azar es el que recibe más ingratitud