El amor: todo lo sufre, todo lo espera.
Favorecer, es por norma perder.
La vida no estaría cara, si la gente trabajara.
El camino del Señor es refugio de los justos y ruina de los malhechores.
No es pobre el que tiene poco, sino el que codicia mucho.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Sé constante en tu corazón; haz firme tu pecho; gobierna no solo con tu lengua. Si la lengua del hombre fuese el timonel de una embarcación, el Dios sería su capitán.
Cuando las mujeres hablan, el mundo calla.
Igual me da estar arriba que abajo, si soy el que trabajo.
Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente, se discreto.
Lancha La no pasa en balde.
Come a gusto y placentero, y que ayune tu heredero.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
La verguenza, cuando sale ya no entra.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
Entrañas y arquetas, a los amigos abiertas.
La diligencia nunca se quejo de la fortuna.
Con tal de que se vaya, aunque le vaya bien.
Acabándose Cristo, pasión fuera.
Desventuras y penas, a nadie le importan las ajenas.
Las deudas son las mayores enemigas de la prosperidad.
De suerte contentos, uno de cientos.
Cada cual siente sus duelos y pocos los ajenos.
Dichoso el burro que en el camino le quitan la carga.
Donde hay hambre no hay tortilla mala.
Más vale bien amigada que mal casada.
Cuando te convida el tabernero, te convida con tu dinero.
En casa mal gobernada, más vale plaza cara que despensa abastada.
Alegrías y pesares, te vendrán sin que los buscares.
Ni el prometer empobrece, ni el dar enriquece.
Arco en el cielo, agua en el suelo.
La mujer con su marido, en el campo tiene abrigo.
Cada uno arrima el ascua a su sardina.
Hablen cartas y callen barbas.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
El amor que se lleva el viento, que te sirva de escarmiento.
A mala leña un buen brazado.
Donde hay hambre no hay pan duro.
Los niños, ni ocultan mentiras, ni callan verdades.
A barba muerta, obligación cubierta.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
Quien se enamora sin dinero y se sulfura sin poder es un infeliz
Tempero de San Miguel, guárdete Dios de él.
Mejor una buena separación que una falsa amistad
Quién tiempo tuvo y tiempo perdió, con una albarda castíguele Dios.
Antes de casar, ten casa en que morar, tierras en que labrar y viñas en que podar.
Tal es la suerte de todo libro prestado: que es perdido a veces y siempre estropeado.
El dinero es buen servidor, pero como amo, no lo hay peor.
Quien té presta, te ayuda a vivir.