Amor atrevido, siempre bien ha parecido.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
El hombre se casa cuando quiere y la mujer cuando puede.
Intimidades, solo en las mocedades.
La zamarra y la vileza, al que se la aveza.
Una retirada a tiempo es una victoria.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Nada puede dar quien nada tiene.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
Donde hay querer, todo se hace bien.
La mujer consigue plata con solo alzarse la bata.
Ni Justicia ni verdad en la tierra encontrarás.
En la casa donde no hay gobierno, a pellizcos se va un pan tierno.
El diablo abre la puerta, y el vicio la mantiene abierta.
Llave que en muchas manos anda, nada guarda.
Salud y alegría belleza cría, atavío y afeite cuesta dinero y miente.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
De pequeña centella se levanta el gran fuego.
Lo que abunda no daña.
Quien se conduce con integridad, anda seguro; quien anda en malos pasos será descubierto.
El que se brinda se sobra.
Cada uno es para si y Dios es para todos.
Limosnero y con garrote.
La mujer es gente en la letrina.
La franqueza no es agravio, ni ser sincero es resabio.
Del avaro un solo bien se espera: que se muera.
El beber es el placer, y el pagar es el pesar.
La abundancia como la necesidad, arruina a muchos.
Por agarar una silla, el político promete villas y castilla.
La modestia es patrimonio de los pendejos.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido.
Cuando se desahoga el sentimiento, la pena es menos.
Hacer de necesidad virtud.
Nadie perdona que le hagan un favor.
Agua y bailar, a hartar. Indica que el agua y la diversión nunca deben faltar.
La avaricia es mar sin fondo y sin orillas.
De buena casa, buena brasa.
El cliente siempre tiene la razón.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Quien abierta su arca deja, si le roban, ¿de quién se queja?.
Cada cosa tiene su precio.
En este mundo nada hay cierto, salvo la muerte y los impuestos.
Abstente de mudar los límites de los campos, para que un terror no te arrebate. Se satisface al Dios con la voluntad del señor (responsable) que establece los límites de la tierra arable.
Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.
La gente discreta, no suelta la jeta.
Pedir es lícito, responder es cortesía.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.