Hombre chico, pensamientos grandes.
Da de comer a un hombre y te obedecerá.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
Paga lo que debes; que lo que yo te debo, cuenta es que tenemos.
Al matar los puercos, placeres y juegos.
Las palabras se las lleva el viento, hasta que te las recuerdan por cientos.
Más vale ver una sola vez que oír cien veces.
A grandes cautelas, otras mayores.
Lo que el malvado teme, eso le ocurre; lo que el justo desea, eso recibe.
No se puede estar al plato y a las tajadas.
La vida es un misterio, desvelalo.
Ir en borrico, a todos nos gusta un poquito.
Los hijos de Mari-Rabadilla, Cada cual con su escudilla.
La necesidad tiene cara de hereje.
Aquellos que tratan por separado la política de la moral, no entenderán nunca ninguna de las dos
Juez que admite regalos, llevarlo a palo.
La ciencia no es para el borrego, ni las velas son para ciego.
Contra peón hecho dama, no para pieza en tabla.
El desperdicio, crea la necesidad. No desperdicies y no necesitarás.
Los que beben mucho no le encuentran el gusto
Mande la razón y obedezca la pasión.
Los hijos de Verdolé, que le enseñan a su padre a joder.
Hay que convivir; pero no conbeber.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
Hasta la salud necesita descanso.
El mejor maestro se sienta en tu silla.
El que coge la zorra y la desuella, ha de saber más que ella.
Los años nos enseñan muchas cosas que los días ignoran
A otra cosa mariposa.
La impureza, pesa.
Quede al revés o al derecho, lo que se hizo ya está hecho.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
A cada cual mate su ventura, o Dios que le hizo.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
En martes, y tu hijo cases, y tu cerdo mates.
La virtud es de poco sueño.
Alábate, Juan, que si no te alabas no te alabarán.
Me agarro hasta de un clavo ardiendo.
Halagos de suegra, consuelo de nietos.
La blanda respuesta la ira quiebra, la dura la despierta.
Juez que dudando condena, merece pena.
Pan, vino y ajo crudo, y verás quien es cada uno.
No compres de quien compró; compra de quien heredó, que no sabe lo que costó.
Los que duermen bajo las mismas sábanas aprenden a hablar con la misma boca
De tal jarro, tal tepalcate.
Para creer hay que querer creer
Cada cual es hijo de sus obras.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
La mujer y las tortillas, calientes han de ser.
Se tragó el mate con bombilla y todo.