Jeremías llora sus penas y no las mías.
Mientras dura, vida y dulzura.
Alabanza propia, mentira clara.
A la fea, el caudal de su padre la hermosea.
Fruta de hoy, pan de ayer, carne de antier.
Buena bolsa, envidiosos y ladrones la hacen peligrosa.
Alabar y callar para medrar.
Más vale agua del cielo que todo el riego.
Escritura es buena memoria.
Junto el dinero bueno con lo malo, todo ello se lo lleva el diablo.
Al lobo hay que matarlo en su propia madriguera.
Amor y guerra tienen batallas y sorpresas.
Gobierna mejor quien gobierna menos.
El que quiera de primera, que consulte su cartera.
Lo cortes, no quita lo valiente.
Entre la gente ruin el que pestañea pierde.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Según el sapo es la pedrada.
De ensalada, dos bocados y dejada.
Hijos chicos, chicos dolores; hijos mayores, grandes dolores.
Haz bien y no acates a quien.
Buscando lo que no se encuentra, se encuentra lo que no se busca.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
Mujeres en visita, luego sueltan la maldita.
Lo imposible, en vano se pide.
El dinero del pobre, dos veces se gasta. El duro del casado vale dos cincuenta.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
Haz lo posible para ser bueno y lo serás.
Hebra larga, costurera corta.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Ya hecho el daño, todos lo hubiésemos evitado.
La memoria, en la vida, en la muerte y en la gloria.
Al que le venga el guante que se lo calce.
Las apariencias engañan.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
A mucho amor, mucho perdón.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
A quien se hace oveja, el lobo se lo come.
Can de buena raza, si no caza hoy, mañana caza.
El que ha de morir a oscuras, aunque muera en velería.
Por pulido que sea, no hay culo que no pea.
Para acertar mejor, echarlo a lo peor.
Quien calladamente arde, más se quema.
A mala cama, buen sueño.
Contra fortuna, no vale arte alguna.
Todo vale para el convento, y llevaba una puta al hombro.
Con promesas no se cubre la mesa.
Por sus pasos contados, va el ladrón a la horca, y todos a la muerte vamos.
Quien más sabe, mayores dudas tiene.
Al desdichado, poco le vale ser esforzado.