Mujer hermosa, niña e Higuera, no las garda Cualquiera.
Otoñada segura, San Francisco la procura.
Los golpes hacen silencio.
Sol de invierno y amor de puta, poco dura.
Más vale poco que nada.
Buena carrera del buen caballo se espera.
Más vale dar a ruines que rogar a buenos.
Está como padre, que le llevan la hija.
El maestro sabe lo que hace.
En la iglesia el primero que roba es el sacristán.
El que tiene los pies torcidos no llega a donde quiere.
Limosna que así se vela y se ofrece, de lo alto viene.
En este mundo estupendo, todo es dando y recibiendo.
Comer sin apetito, hace daño y es delito.
Pan a hartura y vino a mesura.
No basta ser bueno, sino parecerlo.
No hay mandado como el que hace el mismo amo.
El tiempo es una lima que muerde sin hacer ruido.
No hay viejo sin dolor.
Sabio es quien poco habla y mucho calla.
Lo que no se conoce no se apetece.
De nada sirve lo ganado, si no está bien empleado.
Una cosa es una cosa, y seis media docena.
Esta es la gota que derramo el vaso.
Abajo está lo bueno, dice la colmena al colmenero.
El que coge el mal por su mano, que vaya al infierno a quejarse.
Al terco, dale dos higas pero no lo contradigas.
Araña de día, carta o alegría.
Los ladrones y los nabos no quieren ser ralos.
Todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero a nadie le gusta que le llamen viejo.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Más vale aprovechar que tirar.
Dios da pan a quien no tiene dientes.
Comer se ha de hacer en silencio, como los frailes en sus conventos.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
El caballo que mucho anda, nunca falta quien le bata.
Es costumbre de villanos tirar la piedra y esconder la mano.
Jugar a dos barajas.
Secreto entre mujeres, secreto no eres.
Cuando uno esta en malas, hasta la mujer se le niega.
Al hombre y al oso, lo feo lo hace hermoso.
Quien mucho desea, mucho teme.
Al pobre y al feo todo se le va en deseo.
Hacer oídos de mercader.
Casa y potro, que lo haga otro.
Quien baila y canta, su pena espanta.
El vulgo no repara en quien es majadero, sino en quien tiene dinero.
El amor, la picardía y la necesidad hacen buenos oradores.
La joya no puede ser pulida sin fricción, ni el hombre perfeccionarse sin dificultades.