Gran deudo tiene corazones que bien se quieren.
Haga lo que yo mando, no lo que yo hago.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
En salud se cura el sabio, y el necio, ni estando malo.
Quien no puede tener la pulpa, se contenta con el hueso.
En la mucha necesidad dice el amigo la verdad.
Buen amigo es el dinero.
La envidia es una mala consejera.
La hacienda, el dueño la atienda.
Por San Simón y San Judas cogidas las uvas, lo mismo las verdes que las maduras.
Oir a todos, creer a pocos.
El que para pobre está apuntao, igual le da estar de pie que sentao.
Ojo al dinero, que es el amor verdadero.
A buen santo te encomiendas.
El día para el trabajo; la noche para el descanso.
Guacharaca que come corozo, confianza tiene un su jopo.
Inteligencia y belleza: gran rareza.
Ya que aprendiste a cobrar, aprende también a trabajar.
Idos y muertos es lo mesmo.
Junta lo bueno con lo malo, y malo se volverá todo ello.
Del viejo, el consejo; de la vieja, la conseja.
El mundo critica, pero no mantiene.
La liebre y la puta, en la senda la busca.
Quien dice su secreto, de libre que era se hace siervo.
Quien porfía, alcanza hoy u otro día.
El mejor remedio contra un hombre malo es mucha tierra de por medio.
El que da lo que tiene no está obligado a dar más.
El que más puede, más aprieta.
Al mal hecho, ruego y pecho.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
Necesitado te veas.
El que te presta oídos es porque también quiere hablar.
El que demonios da, diablos recibe.
Lástima grande que no sea verdad tanta belleza.
La muerte, al pobre no se atreve.
Quien te quiere, no te hiere.
A veces podemos hacer mal por una buena razón.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
Pobre pero honrado.
Las cosas importantes quedan en el cajón.
Boca de verdades, cien enemistades.
Cuando hay para carne, es vigilia.
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
El benévolo ve benevolencia; el sabio ve sabiduría.
Quien tiene mujer parlera, o castillo en la frontera, o viña en la carretera, no le puede faltar guerra.
Más merece quien más ama.
Es amor mal entendido el que no corrige a un hijo.
Quien nada pide, nada recibe.