Indio, mula y mujer si no te la han hecho, te la van a hacer.
Sayo grande, tapa mucho.
Cada día es maestro del anterior y discípulo del siguiente.
Casado, pero no capado.
Ni bebas sin ver, ni firmes sin leer.
A abad sin ciencia y sin conciencia, no le salva la inocencia.
Ninguno nace maestro pero se hace con el tiempo.
Sumisiones anticipadas, pretensión parecen.
Quien no quiere escuchar ruidos, que se tape los oídos.
Quien con su navaja se capa, buenos cojones se deja.
El arbolito desde chiquito.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Los frutos más hermosos los da el árbol más viejo Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Quien mea claro y pee fuerte, enseña los huevos a la muerte.
Todos son unos, muertos y difuntos.
Las paredes oyen.
Para amar es la cosa más segura buen trato, verde edad, limpia hermosura.
Cuerpo sano, mente sana.
A quien se hace oveja, el lobo se lo come.
Los tejados viejos necesitan muchas reparaciones
Un cobarde piensa que vivirá para siempre si evita a sus enemigos; pero ningún hombre escapa a la vejez, incluso si sobrevive a las lanzas.
Juez con prisa, juez que yerra.
Hay quién está siempre ocupado pero nunca hace nada.
Cuesta poco prometer lo que jamás piensan ni pueden cumplir.
Están más concentraos que un jugo de china.
Sé constante y ten ánimo en tus trabajos.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Abájanse los estrados y álzanse los establos.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.
Si orar es de hermanos, rectificar es de humanos.
A quien miedo han, lo suyo le dan.
Quien hila y tuerce, bien lo merece.
Hacerse el de la oreja mocha.
Mejor solo que mal acompañao.
Embustes y cuentos, de uno nacen cientos.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Vale más ser ralos que calvos.
El que es sabio nunca enceguece.
Abriles y condes, los más traidores.
Llora tus penas y deja las ajenas.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
A río revuelto, ganancia de pescadores.
Bendita la casa que a viejos sabe.
El vino de cepas viejas calienta hasta las orejas.
Los hombres prudentes aprenden con los errores de otros; los tontos por los errores propios.
Ligero como el ave de San Lucas.
Los rincones para los gatos, y las esquinas para los guapos.
Antes di que digan.
Ganas tienes y con ellas te entretienes.