A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.
Una juventud que no cultiva la amistad con los ancianos es como un árbol sin las raíces.
Indio comido indio ido.
Si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría.
Que no llegue la sangre al río.
No persigas la sombra y pierdas el bulto.
Copas son triunfos.
Hombre a caballo, en cada venta echa un trago.
Ese es carne de presidio.
Una obra mala, con una buena se paga.
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
Nadie sabe de la sed con que otro bebe.
Según San Andrés, el que tiene cara de tonto, lo es.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
La amistad, la que quieras, pero la cebada, a veinte la fanega.
La Infantería no llega, y la caballería no pasa.
Rey determinado no ha menester consejo.
Cuando uno va para viejo, es más fácil pillar una liebre que un conejo.
Cuando las puertas de la ciudad se incendian los peces en el foso sufren.
Recorre a menudo la senda que lleva al huerto de tu amigo, no sea que la maleza te impida ver el camino.
O comer en plata, o morir ahorcado.
No salgas de puerto si las nubes no corren con el viento.
«Si en una noche negra una hormiga negra sube por una negra pared, Dios la está viendo».
El que anda en silencio, cazar espera.
Hay quién está siempre ocupado pero nunca hace nada.
Lección dormida, lección aprendida.
El que se prepara para lo malo, lo recibe preparado y amortigua el golpe.
Una sola mano no aplaude.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
No comer por no cagar es doble ahorrar.
El tiempo de Dios es perfecto.
Con esos amigos, ¿para qué enemigos?.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
Los amigos de mis enemigos son mis amigos.
Muchos son los invitados, y poco los aceptados.
Es más cargante que tener una pulga en la oreja.
Quien mucho vino bebe, a sí se daña y a los otros hiere.
Pan, pan; muchos lo toman y pocos lo dan.
Cuando salta la liebre no hay galgo cojo.
Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar.
Rebuzné una vez, y como burro quedé.
A la fuerza, no hay razón que la venza.
El arado rabudo, el arador, barbudo.
Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
Hija, ni mala seas, ni hagas las semejas.
Que a la corta, que a la larga, todo se paga.
Barba pone mesa, que no brazo ni pierna.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Dádivas quebrantan peñas.