Al cuerdo o al hábil, todo le es fácil.
Al ausente, por muerto le da la gente.
Casa de esquina, para mi vecina.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
Es virtud el trabajar, como también el guardar.
Cuando los números hablan se acaban las discusiones.
Lecho y pan tener seguros, aún cuando sean algo duros.
Un apóstol en el cielo y un escribano en el suelo.
Muchos a dispoñer, ningún a cumprir.
Cuando llega la noche, el miedo se tiende a la puerta, y cuando llega el día, se marcha a las colinas.
Las cortinas de una alcoba son como las de un tribunal, y la cama de marfil es parecida a una cárcel
Pan no mío, me quita el hastío.
Quien nada hace, nada teme.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Con fabes y sidrina, nunca falta gasolina.
El envidioso es de tal ser, que no se le indigesta lo que come sino lo que ve comer.
Contra el amor es remedio poner mucha tierra en medio.
No me abra los ojos que no le voy a echar gotas.
Primero la firmita y luego la camita.
Panza llena, quita pena.
A mi amigo quiero por lo que de él espero.
Se puede aprender mucho de una boca cerrada.
Aqueste tu apetito baja, que con vejez o muerte, todo pasa.
Al conejo y al villano, despedazarlo con la mano.
Da tus cuentas justas, porque la última, asusta.
Quien está presente sigue viviendo; quien se ausenta lo tienen por muerto.
No saber qué hacer con las manos y los pies.
Zapatazo que le duela, a quien sin llamar se cuela.
Mujer sin hijos jardín sin flores.
Trabajar, solo con la muerte puede acabar.
Quien mucho duerme, poco vive.
De un tigre solo se dibuja la piel, y no los huesos; de una persona solo se le conoce la cara, y no el corazón.
Ni tan adentro del horno que te quemes, ni tan afuera que te hieles.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino.
Mujeres en visita, luego sueltan la maldita.
La envidia y las fiebres matan al que las padece.
Después de toda oscuridad hay luz.
Hay quien va a por lana y vuelve trasquilado.
El trabajo sin reposo, convierte a Juan en un soso.
Si te cuidad de los listos, seguro que te engaña un tonto.
Cenas, y penas, y Madalenas, y soles, matan a los hombres.
Al viejo se le cae el diente pero no la simiente.
Pan ajeno, caro cuesta.
Del mismo santo, siempre oirás los mismos milagros.
Poda para los Santos aunque sea con un canto.
Parece barril sin fondo.
El ojo del amo engorda el ganado.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
En toda casa hay muchas mudanzas.