Donde están los hechos, no son necesarias las palabras.
Donde no hay regla se pone ella.
Querer y no poder es más antiguo que el peer.
De lo que se come se cría. Y criadillas comía.
Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
Comamos y amemos, y no nos engañemos.
Entre locos me metí, y lo que sea de ellos, será de mí.
A buenas ganas, huelgan las salsas.
Al comerte una fruta piensa en aquel que plantó el árbol.
La belleza y la tontería, van siempre en compañía.
Arca abierta al ladrón espera.
El caballero y la dama, también lo son en la cama.
Más puede Dios que el diablo.
Nunca patees el pesebre que te vio nacer.
Olla con jamón y gallina, a los muertos resucita.
A persona lisonjera no le des oreja.
Un dedo no hace mano, pero sí con sus hermanos.
Abogado en el concejo, hace de lo blanco negro.
En otoño y en invierno, tiemble el enfermo.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
Cada cual mire por su cuchar.
Maldigo el diente que come la simiente.
La dama de doce años que no tiene novio, pele la pava con el demonio.
Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
A donde fueres haz lo que vieres.
Una pizca de discreción vale más que un manojo de conocimiento.
El rosario en el cuello, y el diablo en el cuerpo.
Abre el ojo, y te ahorrarás enojos.
Lo que va viene.
Con las glorias se olvidan las memorias. Con los años, perdió la rucia los saltos.
Lo que en la mocedad no se aprende, en la vejez mal se entiende.
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.
Nuestro gozo en un pozo.
Obra acabada, maestro al pozo.
Ni un dedo hace mano, ni una golondrina verano.
El mejor adorno es, la modesta sencillez.
Lo que hace con las manos lo debarata con los pies.
La sabiduría inútil solo se diferencia de la tontería en que da mucho más trabajo.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Coge brillo cadenita, que tu mojo llega.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
Luna en creciente, cuernos a Oriente.
Con dificultad se guarda lo que a muchos agrada.
El miedo guarda la viña.
Cien refranes, cien verdades.
Con hermosura sola no se pone la olla.
No fíes ni porfíes, ni prometas lo incierto por lo cierto.
La buena hilandera, con el rabo del asno, hilaba su tela.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.