Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
Para ir al cielo primero hay que morir.
Cuando el río no hace ruido, o no lleva agua o va muy crecido.
La palabra emitida no puede recogerse.
Mujer refranes, o coja o puñetera.
Consejo de padre, guárdelo el hijo con siete llaves.
El corazón sospechoso no tiene reposo.
Cuervos vienen, carne huelen.
Febrerillo loco, un día peor que otro.
Hasta el ladrón desconfía del ladrón.
Miente una sola vez y no te creerán después aunque digas la verdad.
Antes de criticar a alguien asegúrate de que no tengas tú la nariz tapada de tsampa.
¿Qué hacer, Gaspar?. Como para cenar.
Por Santa Catalina, la nieve se avecina.
Vicio es callar cuando se debe hablar.
Llorando nacen todos, riendo ni uno solo.
Para fastidiar al patrón, no como lentejas.
No desesperes: de las nubes más negras cae un agua que es limpia y fecunda.
Desbarata hasta un balín.
Con pan, hasta las sopas.
Cuando pase la ocasión, ásela por el mechón.
El que habla de millones, seguro que no tiene para calzones.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
En Octubre, la oveja cubre.
Si dices la verdad, ya tienes un pie en el estribo.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
Jugué con quien no sabía y me llevó cuanto tenía.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
A quien dices el secreto das tu libertad.
La tierra que me sé, por madre la he.
Hay que amarrar el tamal.
Ira, miedo y celos fieros, son muy malos consejeros.
Los castellanos tienen más lengua que manos.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
Madre, casarme quiero, que ya sé freír un huevo.
Cada casa es un caso.
Lo pendejo y las reumas con lo vieja se acentúan.
La alegría da miedo
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
A fuerza de duros caen los más fuertes muros.
Cuando sea monja te regalaré un higo, dijo un amigo a otro amigo.
No te duermas entre las pajas.
Casa en que no hay un viejo, no vale un arvejo.
Con las buenas palabras nadie come.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
Cada cual sabe de la pata que cojea.
Lección bien aprendida, tarde o nunca se olvida.
Ningún pescador de caña ni molinero de viento, necesita un escribano para hacer testamento.
Este se mete como Juan por su casa.
Juzgan los enamorados, que todos tienen los ojos vendados.