Llegó el momento de la verdad.
Más que mil palabras inútiles, vale una sola que otorgue paz.
Con la misma vara que midas serás medido.
Guárdete Dios del diablo, de hijo y ojo de puta, y de tumbo de dado.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Anillo en dedo, u obispo o majadero.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
No hay mayor emoción que la de volver al lugar en que se nació.
La nieve presagia una buena cosecha.
Bueno es pan, y mejor, con algo que agregar.
A gran seca, gran mojada.
Suegra y sin dinero, al brasero.
Cuando la alegría a la sala llega, el pesar esta subiendo las escaleras.
La muchacha que es bonita, afeites no necesita.
Manantiales de salud son la higiene y la virtud.
Palabras vacías no llenan un estómago vacío.
Por las calles de Levante, el diluvio y la inundación, hacen en otoño su aparición.
Dame venta y te daré cuenta.
Un maravedí sobre otro llegan a comprar potro.
No es bueno quien cree malos a los demas.
Bloque de pisos grandes, guerra de vecindaje.
Más vale una cuchara de suerte que una olla de sabiduría.
La mujer del ciego, ¿para quién se afeita?.
Con remiendo del mismo paño echaras atrás el año.
Fuiste virgo y viniste parida; ¡muchas querrían ir a tal ida!.
Febrero y las mujeres tienen en un día diez pareceres.
Cuando comía todo, mi mujer lo escondía; y ahora que no puedo comer, todo me lo deja ver.
El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
Variante: Por su mejoría su casa dejaría.
Mujer casada, casa quiere.
Cara de beato y uñas de gato.
De todas maneras, aguaderas.
De los nublados sale el sol y de las tormentas, la bonanza.
Ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino.
Bondad con hermosura, poco dura.
Más perdido que Adán el día de la madre.
Los hipócritas suelen engañarse más a si mismos que a los demás.
Cada cual a su manera, se combate la piojera.
El hombre está hecho para el trabajo y el ave para volar.
Arandino, borracho fino.
A borracho fino, primero agua y luego vino.
A chico santo, gran vigilia.
Sacar lo que el negro en el sermón: los pies fríos y la cabeza caliente.
Echarle mucha crema a sus tacos
Aquel que ríe ahora, mañana llora.
Haz ciento y no hagas una, y como si no hubieras hecho ninguna.
Un ángel para prestar y un diablo para cobrar.
Cuando las ranas críen pelos y los sapos orejas.
A las suegras, oírles la misa y sacarles el cuerpo.
El que muda de amo, muda de hado.