Hierba mala nunca muere.
El que se escusa, se acusa.
A bestia loca, recuero modorro.
Amigo traidor, una buena cuerda y colgado al sol.
El can en Agosto, a su amo, vuelve el rostro.
El cuidado y la diligencia atraen la suerte.
Por Santa Catalina, la nieve se avecina.
De chica candela, grande hoguera.
El que manda, no se equivoca, y si se equivoca, vuelve a mandar.
Mujer ventana, nunca Llega a casadera.
A gran seca, gran mojada.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
Al alba de la duquesa, que da el sol a media pierna.
Si no existiera la gente común tampoco existirían las personas extraordinarias.
Amor y muerte, nada más fuerte.
Cosa fea, ni se haga ni se aprenda.
No fío, porque pierdo lo mío.
La casa esta donde el corazón.
Mal acomodado es desnudar un santo para vestir a otro.
En los tiempos cuaresmales, los ponientes, vendavales.
El fanfarrón mata a un león ausente, pero se asusta de un ratón presente.
Hasta que no pase San urbano, no te vistas de verano.
Vino y mujeres, dan más pesares que placeres.
A camino largo, paso corto.
Que cada cual espante sus pulgas.
No hay día tan lueñe que presto no este presente.
Más valioso que el dinero, es un sabio consejero.
El llanero es el sincero, y del serrano ni la mano.
Una pulgada de tiempo es una pulgada de oro.
De los enemigos los menos.
Niebla en menguante, mal tiempo en adelante.
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.
Poda para los Santos aunque sea con un canto.
El tiempo descubridor de todas las cosas.
Agua trae en el cuerpo luna con cerco.
Ni caballo patiblanco, ni tierra falduda.
El que presta, a pedir se atiene.
Llorara la madre al hijo, más que la nieve al granizo.
El cuerdo en cabeza ajena escarmienta.
Es peor la envidia del amigo que el odio del enemigo.
Está como la reina mora que a veces canta y a veces llora.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
Llámame tío, pero no cuentes con nada mío.
Échate a enfermar y verás quién te quiere bien o quién te quiere mal.
Todos somos hermanos bajo el ardiente sol.
Ojo por ojo y diente por diente.
Más de uno conservaría sus bienes si hubiese sabido que el agua también apaga la sed
Pronto y bien, rara vez juntos se ven.
Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.