Hasta al de más discreción, la plata lo hace soplón.
No vence, quien es valiente, si peca por imprudente.
Ya que no eres casto, sé cauto.
Al ciego no le aprovecha pintura, color, espejo ni figura.
Heredar hace medrar; que no trabajar.
Uno sabe de hoy, y no de mañana.
A gran culpa, suave comprensión.
Dies ila, dies ila, si eres bobo espabila.
Aquella que más se niega, más enciende el apetito.
Si no tienes nada agradable que decir, no digas nada.
El que mucho ofrece, poco da.
Yo que me callo, me quedo sin gallo.
El que va para viejo va para pendejo.
No hay mal dicho si no malas interpretaciones.
La comprensión siempre llega más tarde.
A mala venta, mala cuenta.
Haciendo y deshaciendo se va aprendiendo.
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
Boticario sin botica, nada significa.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
Para los aduladores no hay rico necio ni pobre discreto.
A hijo malo, pan y palo.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Hijo sin dolor, madre sin amor.
¿Qué criatura no tiene un ramito de locura?
Ni me fío de gabacho, ni de alcahuete macho.
Una belleza sin gracia es un anzuelo sin cebo
El que no quiera polvo, que no salga a la era.
La noticia mala llega volando, la buena, cojeando.
Todo es nada lo de este mundo, si no se endereza al segundo.
De tal palo tal astilla.
Quien no da nudo, pierde punto.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Fingir locura, es a veces cordura.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.
De desgraciados está el mundo lleno.
Lección bien aprendida, tarde o nunca se olvida.
El agradecido no olvida el bien recibido.
Donde no hay escritura, no hay obligación. Porque las palabras se las lleva el viento.
A amo ruin, mozo malsín.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
Es más vago que la quijá de arriba.
A juventud ociosa, vejez trabajosa.
Tienen los que pobres son la desgracia del cabrito: o morir llegar a ser cabrón.
Lo que has de odiar o querer, debes antes conocer.
Al hambre no hay pan negro.
La paciencia es el puerto de las miserias.
El que pestañea pierde.
Hasta la gracia de Dios hace daño.
Estudia y no serás cuando crecido, el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos (Abel Vera Simbort)