Cada cual se cuelgue lo que mate.
O Cesar, o mierda.
Un buen día nunca se olvida.
No creas al que de la feria viene, sino al que ella vuelve.
El que nace para borrico, del cielo le baja el aparejo.
Cochino que tuerce la cola, no pone huevos.
Quien quisiere mentir, atestigüe con muertos.
Mal me quieren mis comadres porque digo las verdades.
No quieras nunca buenos comienzos.
La riqueza es para el que la disfruta, y no para el que la guarda.
Cuando los ciegos guían, ¡ay de los que van detrás!.
Jugar con fuego es peligroso juego.
Comida que mucho hierve, sabor pierde.
Al cuco no cuques y al ladrón no hurtes.
Ningún burro se queda calvo.
El interés tiene patas.
La mula feliz la pasa: fornica y no se embaraza.
No desees a la mujer del prójimo...date el gusto.
Sabedlo, coles, que espinazo habéis en la olla.
Deprisa viene el mal, pero cojeando se va.
Si sale cara, gano yo; si sale cruz, pierdes tú.
No puede ser larga la felicidad del mentiroso o ladrón.
Fiar, en Dios y en otro no.
Molino cerrado, contento el asno.
La frugalidad es una fortuna por sí misma.
Mala hasta vieja la zangarilleja.
El perro del hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer al amo.
Vicio por natura, hasta la muerte dura.
Nunca amarga el manjar por mucho azúcar echar.
Sobre gustos y colores no han escrito los autores.
No cuentes los pollos antes de incubarlos.
El juez injusto, colgado de un saúco.
A quien no teme la muerte, nada le es fuerte.
El mandamiento del pobre, primero reventar antes que sobre.
Charlando y andando, sin sentir se va caminado.
Virgo viejo, puta segura.
Más vale poco y bien arado, que no mucho y arañado.
A borregos recién esquilados, no les mande Dios viento helado.
Pa' chulo yo y pa' puta mi mujer.
Más vale un hoy que diez mañanas.
Por el interés, hasta lo feo hermoso es.
Ruin consuelo el aplauso de los muchos.
El que más habla es el que más tiene por qué callar.
Yo te castigaría, si no estuviese lleno de ira.
Si el ocio te causa tedio, el trabajo es buen remedio.
El que tarda en dar lo que promete, de lo prometido se arrepiente.
Las desgracias tienen los oídos sensibles
Los caballos como las mujeres en manos de "tarugos" se echan a perder.
No hay como quitarse de en medio para dejar de ser imprescindible.
Quien se acuesta con niños, amanece meado.