Hay confianzas que dan asco.
El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos.
La Cruz, la viña reluz.
Falso por natura, cabello negro, la barba rubia.
Seguido, seguido, hasta que pase el dolor.
El justo debe imitar al bosque de sándalo, que perfuma el hacha que lo lastima.
Da de comer a un hombre y te obedecerá.
Lo que un hombre puede esconder, otro lo puede descubrir.
El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
Cuando Dios quiere, a todos los aires llueve.
No hay hombre sin hombres.
No donde naces, sino donde paces.
Dádiva de lo mal ganado, no la recibe Dios con agrado.
Las palabras se las lleva el viento, hasta que te las recuerdan por cientos.
El gallo desde que es chico, busca el grano con el pico.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Juegos de manos se van al culo.
Zapatero amigo, las suelas quemadas y el hilo podrido.
Al buen segador, nunca se le olvida la hoz.
Saber es poder.
A la vejez, viruelas.
Dios pone el remedio junto a la enfermedad.
El buey, arando en la loma, trabaja para que otro coma.
Favorece a quien te ayudó y olvida al que se negó.
Ser pobre como si hubiera sido lavado.
La mujer de quien un hijo ha sido comido por una bruja es quien mejor conoce los males de brujería.
Antes se coge al mentiroso, que al cojo.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
Lo que en la leche se mama, en la mortaja se derrama.
Vayan las verdes por las maduras.
Hombre chiquitín, bailarín y mentirosín.
Lentejas, comida de viejas.
Guacharaca que come corozo, confianza tiene un su jopo.
De usar y abusar, hay el canto de un real.
Con tijeras propias y tela ajena, ¡qué bien se corta!.
Haragán y gorrón, parecen dos cosas y una son.
La de los huevos soy yo, dijo la gallina.
Con quien se va no se cuenta, tan siquiera se le mienta.
Abad y ballestero, mal para los moros.
Las mentes grandes discuten ideas; las medianas, cosas; y las pequeñas, personas.
En los tiempos cuaresmales, los ponientes, vendavales.
En arca abierta, el justo peca.
Quien tiene boca, no diga a otro sopla.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
El que da sin que otros den, es vanidad; el que quiere que los otros den sin él dar nada, es avaricia; el que da y desea que los otros den también, es caridad; el que no quiere dar ni que se le de, es dureza.
Que aproveche como si fuera leche.
Hablar por referencias es casi mentir.
Si las paredes hablaran.
En San Nicolás de los vinos agudos, de treinta vecinos veintinueve cornudos.
Quien conversa con un rostro amable, llena de alegrías los corazones de los demás.