De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Juventud sin salud, más amarga que senectud.
Los que duermen bajo las mismas sábanas aprenden a hablar con la misma boca
Dios perdona siempre, los humanos a veces, la naturaleza nunca.
El viejo tiene la muerte ante sus ojos, el joven a su espalda.
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Dar de comer al diablo.
Nobleza obliga.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
La mujer el pan amasa y el viejo mande en casa.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
Más liso que nalga bebé.
Lo mal ganado, ello y su dueño se lo lleva el Diablo.
Todos desnudos nacemos, y así volvemos.
Con cuatro que obedezcan, uno que mande.
Ruin señor, cría ruin servidor.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
La mujer casada y honrada, la pierna quebrada.
Amores nuevos olvidan los viejos.
Quien a dos amos sirve, siempre termina mal.
Si tienes que hacer el bien, fíjate antes a quién lo haces
Rico que ha sido pobre, corazón de cobre.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
Ni lleves cohecho, ni sueltes derecho.
La que se casa con ruin siempre tiene que decir.
Las paredes oyen.
Hay ojos que de legañas se enamoran.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
En casa del carpintero, zuecos de hierro.
Son cáscaras del mismo palo.
Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
Con amigos de esa clase, ¿para qué quiero enemigos?.
Haciendo de sobrino quematela al fuego y llevatela al rio.
Al confesor y al abogado, no les tengas engañados.
Peor es la moza de casar que de criar.
A palabras necias, bofetones.
Aguarraditas de Abril, unas ir y otras venir.
Lo ajeno más que lo propio parece bueno.
Al viejo y al olivar, lo que se les pueda sacar.
Bien te quiero y mal te hiero.
A quien cuece o amasa, no hurtes hogaza.
Hasta la gracia de Dios hace daño.
El que tiene las lagrimas hondas, que empiece llorar temprano.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.
Bodas largas, barajas nuevas.
Putas y tuertos todos somos vueltos.
A gusto de los cocineros comen los frailes.