Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
Afición que más daña que aprovecha, enseguida se desecha.
No hay más amigo que Dios y el duro en la faltriquera.
Es fácil compartir la papa cuando hay amor.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
Ni es carne, ni es pecado.
Perdona al ofensor y saldrás vencedor.
Arremangóse mi nuera, y volcó en el fuego la caldera.
A cada cañada le llega su añada.
Que lo dejen hablar, y no lo ahorcan.
El casado, casa quiere y costal para la plaza.
Madre, casarme quiero, que ya llegó el candelero.
El borracho fino, después del dulce, vino.
Dar el consejo y el vencejo.
El que aconseja, no paga.
Lo pasado ha huido, lo que esperas esta ausente, pero el presente es tuyo.
Clérigo viajero, ni mísero, ni misero.
Dinero llama a dinero.
El siervo no sabe lo que hace su amo porque éste solo le explica la acción y no el fin
Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Quien administra tus bienes, por suyos los tiene.
No hay largo que no se incline, ni enano que no se empine.
A unos da Dios ovejas, a otros, orejas. A veces perdiendo se gana.
Zumo de parras, la alegría de la casa.
Jóvenes y viejos, todos necesitamos consejos.
Repara en la casa ajena, y hallarás chica tu pena.
Fango que se mueve, a demonios hiede.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
Mande quien pueda, y obedezca quien deba.
Febrerillo, mes loquillo.
Si tienes hijas, comerás buñuelos.
El enamorado que no es pulido, luego es aborrecido.
Alabar y callar para medrar.
Dar cuenta clara con paga, es de persona honrada.
Buen pedidor, mal dador.
A donde te duele, ahí te daré.
El que coge el mal por su mano, que vaya al infierno a quejarse.
De una gota de un tintero ¡cuánto malo y cuánto bueno!.
Intelecto apretado discurre que rabia.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
El enamorado es el camarada del alma.
Por lo que uno tira, otro suspira.
Más aburrido que bailar con su hermana.
Secreto a voces.
Corte, puta y puerto, hacen al hombre experto.
El Abad de Bamba, lo que no puede comer, dalo por su alma.
Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
Me fui a confesar con un padre capuchino, y me puso de penitencia que me casara contigo.
El dinero es bueno para siervo, malo para dueño.