Boi que remoe, nada lle doe Buey que rumia, nada le duele.
A quien le roba al ladrón, le concede Dios perdón.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
A buen señor, buena demanda.
Iglesia, o mar, o casa real.
Cielo borreguero, vendaval o agua del cielo.
El que con locura nace, con ella yace.
Al hombre duro, lanza en mano y vino puro.
El que a larga vida llega, mucho mal vio y más espera.
El enamorado que no es pulido, luego es aborrecido.
Amanse su saña quien por si mismo se engaña.
Si has perdido algo hazte a la idea de que se lo has dado a un pobre
Riñas de enamorados, amores doblados.
El hoy aquí está; el mañana, ¿quién lo verá?.
Miren quién habló, que la casa honró.
¿Fiado has?. ¡Tú pagarás!.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
A río crecido, sentarse en la orilla.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
A bien se llega quien bien se aconseja.
Mal haya el vientre que del bien recibido no le viene miente.
Buen trago, que el difunto no vuelve.
El que quiere besar, busca la boca.
Recoge la memoria nueva lo que no ha podido quitar la vieja.
A la iglesia de Dios ni darle ni quitarle.
Idiota y tozudo, no hay mejor burro.
Tu deseo bueno sea, para quien bien te desea.
Está más entristecido, que mico recién cogido.
De casa del abad, comer y llevar.
Dios al humilde levanta y al orgulloso quebranta.
A Dios, nada se le oculta.
Quien se quemare, que sople.
El conejo y el ruin, donde nace quiere morir.
Arandino, borracho fino.
A cama chica, echarse en medio.
El viajero que sed siente, se agacha y besa la fuente.
Dar el consejo y el vencejo.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Mal lo aliña quien en sus tiempos no labró la viña.
A buey viejo, no le cates abrigo.
Debe y paga cuanto alcances, pero cuida tus balances.
Pereza, madre de pobreza y abuela de vileza.
El amor es carne para el mancebo y hueso para el viejo.
Ningún amigo como un hermano, ningún enemigo como un hermano.
Cinco: por el culo te la hinco.
Te están dando Atol con el dedo.
No hay mandado como el que hace el mismo amo.
Hombre a caballo, en cada venta echa un trago.
Quien tras el caldo no bebe, no sabe lo que se pierde.
¡Chínchate un ojo!