Obra común obra de ningún.
Las oportunidades no se pierden, siempre hay alguien que aprovecha lo que uno deja pasar.
El que se viste con lo ajeno, en la calle lo desnudan.
Yerros de amor, dignos son de perdón.
Perdona, antes de que el sol se ponga.
Por San Blas, el besugo atrás.
Jeremías llora sus penas y no las mías.
Flor de almendro, hermosa y sin provecho.
El gorrión, a pesar de su pequeñez, tiene todas las vísceras.
La más cómoda herramienta, al perezoso le asienta.
El vino alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre.
La suerte es de quien la tiene.
Albañil chapucero tapa en falso el agujero.
Nunca peca por estulto, quien sabe escurrir el bulto.
Moza casada con un viejo, mal parejo; mozo casado con una vieja, mala pareja.
Quien con el viejo burlo, primero rió y luego lloró.
Cuando el pastor pierde la oveja, paga con la pelleja.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
Por fuerte que seas, siempre existe otro más poderoso que tú
El burro bueno, aunque sea la quijada encaja.
La esperanza es el pan de los pobres.
Este, como los gatos siempre cae parado.
Si quieres tener la tusa, persigue bien la merusa.
Una lágrima puede decir más que un llanto.
No hay cuna que más apriete que la del mismo palo.
De un peligro, con otro me libro.
Todo el mundo nace poeta.
Con tal de que se vaya, aunque le vaya bien.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
Adonde el corazón camina, el pie se inclina.
Dijo la sartén al cazo: ¡apártate gorrinazo que me tiznas!.
Quien dineros ha de cobrar muchas vueltas ha de dar.
Orejas curiosas, noticias dolorosas.
Cabras y cabritos, a todos nos traen fritos.
Más debes guardarte de la envidia de un amigo, que de la emboscada de un enemigo.
Más vale puta moza que puta jubilada.
Hasta el manjar más sabroso, hostiga cuando es copioso.
Quien escucha lo que no debe oye lo que no quiere.
El enamorado, ve en la verruga de su novia un lunar encarnado.
Encima de la leche, nada eches.
Por San Vicente, alza la mano de la simiente.
El que no tiene con quien, con su mujer se acuesta.
Los libros, ¡cuánto enseñan!, pero el oro ¡cuánto alegra!.
De un mismo árbol, un madero dorado y otro quemado.
Vine en el auto de Fernando, la mitad a pie y la mitad andando.
Afortunado en el juego, desafortunado en amores.
Rosquilla de monja, fanega de trigo.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
Dar y quitar, derechito al infierno sin descansar.
Mucho apretar, listo aflojar.