Cuando Dios amanece, para todos lo hace.
Reniego del amigo que me encubre el peligro.
Tienes en casa al muerto y vas a llorar el ajeno.
El fatuo y el ignorante, se denuncian al instante.
Dando y tomando, no cabe engaño.
Dile al tonto que tiene fuerza y el tonto más fuerza hace.
Quien tiene mujer parlera, o castillo en la frontera, o viña en la carretera, no le puede faltar guerra.
Más feliz que marica con dos culos.
Por la calle van diciendo, poco nos llevamos todos.
El sastre engaña al parroquiano, y bien vestido el parroquiano, a la mitad del género humano.
Dios me dé contienda con quien me entienda.
Ni por rico te realces, ni por pobre te rebajes.
A cada lechón le llega su noche buena.
Quien a mi casa no va, de la suya me echa.
Mal de muchos, consuelo de tontos.
Estas si que son piernas, que no las de mi mujer; y eran las mesmas.
Fuego guisa hoya, que no moza orgullosa.
Quien cae no tiene amigos.
Más vale amante bandido que novio jodido.
Al caramelo y a los asuntos, darles su punto.
De tales devociones, tales costurones.
Cuando el vil está rico, no tiene pariente.
Saber más que Merlín.
Brindo y bebo, y me quedo convidado para luego.
¡No perdió su mano Ernesto, pero las lleva en un cesto!.
Al perro muerto, échale del huerto.
Hebra larga, costurera corta.
El casado por amor vive vida con dolor.
Hasta el más capón se los hecha al hombro.
Juego de manos, rompedero de ano.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
Para su madre no hay hijo feo.
Casa sin niños, tiesto sin flores.
Su tarea es cuidar a los mayores, a los indefensos, a aquellos que no pueden hacerlo por su cuenta, y por sobre todo, a los niños, el futuro de la humanidad.
Favor de señores y temporal de Febrero, poco duraderos.
Calle mojada, caja cerrada.
Bromas pesadas nunca sean dadas.
Madre, casarme quiero, que ya llegó el candelero.
A quien presta nada le resta.
Hombre casado, burro domado.
A casa nueva, puerta vieja.
Entre bodas, fiestas y meriendas, ¿quién cuidará tu hacienda?.
Mano blanca y gordezuela, puesta sobre el corazón, aumenta la palpitación.
Iglesia, o mar, o casa real.
En casa como porquero, y en la calle, caballero.
Quién encuentra a un amigo, encuentra a un tesoro.
Estar en tres y dos.
Tratar (uno) a los demás tal como lo tratan.
Arregostóse la vieja a los berros; no dejó verdes ni secos.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.