Buen amigo, el ya probado en el peligro.
Arte para lograr es el dulce hablar.
Callando el necio, se hace discreto.
Jamás rico será el que lo de otro en lo suyo no meterá.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
A donde va encuentra un problema
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Si Dios cierra una puerta, abre mil otras.
Afeminados espíritus engendra la avaricia.
Mujer graciosa, vale más que hermosa.
Cuando un hombre hace el tonto, siempre es por una mujer.
Quien de refranes no sabe, ¿qué es lo que sabe?.
No saber una jota.
El ladrón sin ocasión para robar, se cree un hombre honrado.
Dios acude siempre a la mayor necesidad.
Lleno es de bondad, quien nunca llegó a envidiar.
El hombre sabio instruye sin utilizar las palabras.
Desvélate por saber y trabaja por tener.
Uno de los mayores placeres de la vida es hacer aquello que los demás dicen que no podemos hacer.
La bebida despinta al barniz y descubre al hombre.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
Si te cuidad de los listos, seguro que te engaña un tonto.
Dios da mocos al que no tiene pañuelo.
La necesidad tiene cara de hereje.
Se nace llorando, luego se comprende el por qué.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
El aceite es: armero, relojero y curandero.
Padre millonario y trabajador, hijo vago y malgastador.
En un momento, al fin del mundo te lleva el pensamiento.
El hombre es fuego, la mujer estopa, viene el diablo y sopla.
Gente de montaña, gente de maña.
En Gumiel de Izán, tan malo es el hombre como el pan.
Pariente que no me luzca, un rayo que lo desmenuzca.
Los ojos se han hecho para ver, las manos para tocar.
El mejor premio es merecerlo.
Dichosos aquellos cuyos errores cubre la tierra.
Hombre sabio, de sayas no hace caso.
Tres saberes gobiernan el mundo: el saber, el saber vivir y el saber hacer, pero el último ocupa a menudo el lugar de los otros dos.
Daño es ser engañado una vez, dos, necedad es.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
Una mujer es como un puro: hay que encenderla a menudo.
Trata al que no es virtuoso como si lo fuera, y se volverá virtuoso
¡Se nos creció el enano!
Cuando el vil enriquece, no conoce hermano ni pariente.
No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, pero tampoco sabes lo que te has estado perdiendo hasta que lo encuentras.
El buen general sabe vencer, pero también sabe no abusar de su victoria.
Lo que el mismo hombre hiciera, una lengua lo puede destruir.
Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre.