Al que Cristo se la de, San Pedro se la bendiga.
Domingo de Ramos, el que no estrena no tiene manos.
Buen comienzo, agüero de buen término.
Donde hay patrón no manda criado.
Sobre gustos y colores no han escrito los autores.
Gastar poco y comer bien, no puede ser.
Tu desnudo y yo sin bragas, algo me hagas.
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
De Cantimpalos, no hay chorizos malos.
Blanco y mojado, sopas de leche.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
Igual me da estar arriba que abajo, si soy el que trabajo.
A mi prójimo quiero pero a mí el primero.
El que apunta a la luna disparará más alto que el que apunta a un estercolero, aunque no de en el blanco.
Una desgracia, a cualquiera le pasa.
El viejo desvergonzado, hace al niño mal educado.
Cuando llueve y graniza hace la vieja longaniza.
Mal duerme quien penas tiene.
El olor de la agena fama, al envidioso atafaga.
Con pedantes, ni un instante.
De buen caldo, buenas sopas.
Ropa dominguera, del portal pa fuera.
El amor, unas veces soñador y otras volador.
Partidarios: gente amiga de llenar bolsa y barriga.
El amor es ciego.
Hable el sabio y escuche el discreto.
Si ayer eras Don Nadie y hoy Don Alguien eres, ¿qué más quieres?
Mal te quiere quien con lisonjas te viene.
Quiere meter la cuerda y sacar listón.
La respuesta más rápida es la acción.
Estas son de mi rodada.
Al niño que llora le dan pecho.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Naipes, mujeres y vino, mal camino.
Fuiste virgo y viniste parida; ¡muchas querrían ir a tal ida!.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
Corre la vaquilla mientras dura la soguilla.
No hay largo que no se incline, ni enano que no se empine.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
Un solo dedo no puede atrapar un piojo.
Por San Andrés, el mosto, vino es.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
Es el tercero en discordia.
Hay que darle al niño malo, más amor y menos palo.
Un buen libro y entendido lector, tal para cual son los dos.
Da Dios alas a la hormiga, para morir más aína.
Ninguno do otros es señor si no lo es del corazón.
Lo mucho se gasta, y lo poco basta.
La primera mujer, escoba, y la segunda, señora.