Saber cuántas son cinco.
O bien o mal, va a lo suyo cada cual.
Mejor que sosobre y no que sofalte.
El cornudo es el último que lo sabe.
Quien busca encuentra, aunque otra cosa sea.
Andarse por las ramas.
Para salir del hoyo un buey solo no basta, se necesitan dos.
Ya apareció el perdido, y más valía que no hubiese aparecido.
A beber y a tragar, que el mundo se ha de acabar.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Comer de su propio cocinado.
Mi marido es tamborilero; Dios me lo dio y así lo quiero.
Si el/ella puede hacerlo, significa que yo puedo hacerlo mejor!
Mochuelo a principio de cazadero, mal agüero.
El que no encuentra amigos, por algo será, yo digo.
Nadie puede atar las lenguas a las gentes.
El que ríe de lo que desconoce esta en el camino de ser un ignorante.
El que mucho habla, poco acierta.
Cuando truena en Abril, el labrador es feliz.
Tentar la huevera a las gallinas
Ojos que los vieron ir, no los verán volver.
Ser casta y de buena pasta, para buena mujer no basta.
Bebe y come con tu amigo, pero no trates con él de negocios.
A ninguno le hiede su mierda sino la ajena.
Para cuchillo que corta, no hay carne dura.
Hablar por los codos, aburrir a todos.
Si no gozo de mi dinero, ¿para qué lo quiero?
Yo me morí, y que cosas vi.
A la vejez se acorta el dormir y se alarga el gruñir.
A donde vas bien. A donde más se tiene.
De mala sangre, malas morcillas.
El, por vía de compadres, quiere hacerme la hija madre.
Fuíme a santiguar y saltéme un ojo.
Si por bueno te tienes, haz lo que debes.
Del ocio nace el feo negocio.
Tras cada pregón, azote.
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
Donde hay hambre, las tripas cantan.
El que calla, otorga.
Pan candeal no hay otro tal.
Cuando la gana de joder aprieta, ni el culo de los muertos se respeta.
El no hacer falta y el estorbar, juntos suelen andar.
Muchas manos al pucherón, pronto se Llega al hondón.
A la ocasión la pintan calva.
Variante: Dejar de comer por haber comido, no hay nada perdido.
La madrugada del caballero, al darle el sol en el trasero.
Desde torre o azotea, bien se otea.
El ojo del amante descubre una diosa en su amada
Callen barbas y hablen cartas.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.