El que trabaja, principia bien; el que ahorra acaba mejor.
Monja de Santa Irene, que en brazos llevas el nene.
Bebe el agua a chorro y el vino a sorbos.
Para Santa Teresa, rosa en la mesa.
Ni en pelea de perros te he visto
Palabra dada, palabra sagrada.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Abundancia y soberbia andan en pareja.
El enamorado que no es pulido, luego es aborrecido.
El juez infiel impide que la balanza esté en su fiel.
Buey hermoso, no es para trabajo.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Amigo, no de mí, sino de lo mío, lléveselo el río.
Quien dice lo que no siente, miente.
Boda, en igualdad, hasta en la edad.
Antes di que digan.
Quien nada pide, nada recibe.
Responder al airado luego, es echar leña al fuego.
A quien no ama a sus parientes, deberían romperle los dientes.
Te voy a dar más cera que la que arde.
El corazón sospechoso no tiene reposo.
Las acciones revelan las pasiones
Chispa pequeña enciende un monte de leña.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
Besa al perro en la boca hasta que consigas lo que quieres
El prometer no empobrece, y cosa de ricos parece.
Cada cual mire por su cuchar.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.
El mundo promete y no da, y si algo te da, caro te lo cobrará.
Hacerse jaula para que le metan el pájaro.
La petición es cálida, el agradecimiento es frío.
Los encargos con dinero no se olvidan.
Buey lerdo, bebe agua turbia.
De diestro a diestro, el más presto.
Un beso es como el agua salada: bebes y aumenta tu sed.
Al son que te tañan, a ése baila.
El que dice lo que no debe, oye lo que no quiere.
Nadie fue escaso para quien bien quiso.
De mala ropa no sale un buen traje.
No hay peor tiempo que aquel que viene a destiempo.
Amores de una señora, se olvidan con otro amor.
Cuando la miseria entra por la puerta, el amor sale por la ventana.
Ninguna humana pasión es perpetua ni durable.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
El corazón y los ojos nunca son viejos.
En un recinto sagrado, ora; en una pista de baile, baila.
Me agarro hasta de un clavo ardiendo.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
Ese es carne de presidio.
Las vírgenes pasan muchas Navidades, pero ninguna noche buena.