Nadie se muere dos veces.
Donde no se gana nada, algo se va perdiendo; por lo menos, el tiempo.
Casamientos de parientes tienen mil inconvenientes.
La mujer que poco vela, tarde hace luenga tela.
Hablar por los codos, aburrir a todos.
Zapatero solíades ser; volveos a vuestro menester.
Moro viejo, mal cristiano.
Adonde no te llaman, no vayas.
La capa del diablo, lo que por un lado tapa, por otro destapa.
Do se saca y no se pon, pronto se le ve el hondón.
Quien por mucho deja lo poco, suele perder lo uno y lo otro.
No hay altanería que no amanece caída.
Buen corazón vence mala andanza.
Quien de mucho mal es ducho, poco bien le basta.
El que calla, no dice nada.
Bragueta abierta pájaro muerto.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
No hay rey traidor y papa excomulgado.
A cada necio agrada su porrada.
Mediando el dinero entre dos amigos, los hace enemigos.
No es bueno huir en zancos.
Frailes y monjas, del dinero esponjas.
El que gasta antes de ahorrar pedirá limosna antes de lo que cree.
Hombre prevenido vale por dos.
Tres pueden decidir de forma satisfactoria si dos están ausentes
Diligencia vale más que ciencia.
Hablar bajo y obrar alto.
Llanto de viuda, presto se enjuga.
No hay mula que no patee, ni mujer que no lo de.
Soldado que huye sirve para otra guerra.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Quien lo hereda no lo hurta.
De donde viene la descomunión, allí viene la absolución.
El maestro Quiñones, que no sabe para él, y ya quiere dar lecciones.
Ser pobre y rico en un día, milagro es de santa Lotería.
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
Culillo de mal asiento, no se está quieto un momento.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos bizcos, con más motivo.
Las cuentas nuevas se hacen viejas y las viejas no se pagan.
A veces podemos hacer mal por una buena razón.
La peor pobreza es tener deudas.
Cuando masques, no chasques.
Quien no canea, calvea.
La cama y la puerta dicen si la mujer es puerca.
Fantasía tras fantasía, y la barriga vacía.
Ratoncitas y ratones, bonitos, pero ladrones.
Malo es cojear delante de un cojo.
Detrás del mostrador no conozco al amigo, sino al comprador.
El allegar no es por mucho madrugar, sino por mucho trabajar y poco gastar.
La avaricia es la pobreza de los ricos.