La madre no comió carne; el padre no bebió vino; y salió sietemesino.
Buena pata y buena oreja, señal de buena bestia.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
Bebe por calabaza y no te pondrán tacha.
Hambre que espera hartura, no es hambre.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
A una bella muchacha nunca le falta enamorado.
Ruin consuelo el aplauso de los muchos.
Si no es gato, es gata.
El cerdo no sueña con rosas, sino con bellotas.
Donde mores no enamores.
A nadie le amarga un dulce, aunque tenga otro en la boca.
Hacer algo muy en los cinco casos.
Tal para cual, Pascuala con Pascual.
El mozo bien criado no habla sino cuando es preguntado.
Al amigo, nunca lo pruebes.
Si el jade no es pulido (labrado), resulta inútil.
El amor nunca se paga sino con puro amor.
No muestres, ni al más amigo, los lunares de tu ombligo.
Para su madre no hay hijo feo.
Hacer como el carpintero: medir dos veces, para cortar una vez.
Casada que va a fiestas, cuernos en cestas.
Un muerto hablando de un ahorcao.
Nadie sabe, sino quien lo lastra, lo que semejante casa gasta.
Donde haya legisladores, no faltarán los infractores.
Unos visten el altar, para que otros digan la misa.
Cuando no hay carne de lomo, de toda como.
Junta de lobos, muerte de ovejas.
El caballo malo hay que venderlo lejos.
Nadie nace enseñado.
En gran casa, gran gasto se amasa.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
Es fácil ser rico y evitar mostrarse orgulloso, es difícil ser pobre y evitar ser gruñón.
Otoño e invierno, mal tiempo para los viejos.
Nadie aprende por cabeza ajena.
Buenas y mejores, por falta de seguidores.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
El cuerdo en cabeza ajena escarmienta.
Quien tenga vidrieras, no azuze pedreras.
¿Quieres conocer el valor del dinero?. Pide algo prestado.
En el culo y en la trompeta, solo es aire lo que suena.
Cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros.
El bien se vende por onzas y el mal por arrobas.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
Cuatro cosas hay que en darlas está su valer: el dinero, el placer, el saber y el coño de la mujer.
Adiós señora alcaldesa, que me llevo el reloj y las pesas.
Haga lo que yo mando, no lo que yo hago.
Por amor a la rosa se soportan las espinas
A barba muerta, obligación cubierta.