Madruga y verás, trabaja y habrás.
Ojo al parche.
Paciencia muchas veces ofendida, trastorna el juicio.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.
No tocar pito.
Arco iris, o pronto llueve o aclara en breve.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.
La prudencia nunca yerra.
Ten tu mano pronta para echarla al sombrero, y tardía para meterla en el bolsillo.
Mujer muerte, siete a la puerta.
A buenas horas, mangas verdes
Favores harás, y te arrepentirás.
Mujer precavida vale por dos.
Para vos me peo y para otro me afeito.
Da voces al lobo, respóndete el eco.
No te salgas por la tangente.
La necesidad no dice adiós, sino hasta luego.
Nada se puede esperar de quien no tiene hogar.
Bastante colabora quien no entorpece.
A caballo que se empaca, dale estaca.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.
Perdona, antes de que el sol se ponga.
Secreto a voces.
Bueno está lo bueno.
De aquí a mañana, muchas horas hay.
El que necesita, te visita.
Cada cosa a su tiempo, los nabos en Adviento y las cerezas en habiendo.
No te duermas entre las pajas.
Habla Marta y responde Justa; una puta a otra busca.
Difama, que algo queda.
El que busca, encuentra.
La ansiada numisma, no se hace ella misma.
Justicia, dios la conserve; pero de ella nos preserve.
La paciencia es el mejor escudo contra las afrentas.
A ti te digo hija, para que entienda la hijastra.
Mucho ayuda el que no estorba.
Otro tiempo vendrá, y el que hoy no puede, podrá.
Algo busca en tu casa quien te hace visitas largas.
Pesar compartido, pronto es ido.
Alábate cesto, que venderte quiero.
El dar es honor; el pedir, dolor.
Bien reza, quien en servir a Dios piensa.
Coge la ocasión al vuelo antes de que te enseñe el rabo.
De juez de poca conciencia, no esperes justa sentencia.
Ayúdate que Dios te ayudará.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Repara en la casa ajena, y hallarás chica tu pena.
Pobre, feo y trillador; pide que te ayude Dios.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.