Alábate cesto, que venderte quiero.
Dando y tomando, no cabe engaño.
Guárdate de hombre que no habla, y de perro que no ladra.
Errar es humano, perdonar es de sabios.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
Picar y afilar, afilar y picar, y el prado sin segar. Solo me gustaría entender que tu dios me amas
Donde hay cuchicheo hay mentiras.
Antes de decir de otro cojo es, mírate tú los pies.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
La moza buena, en casa está y afuera suena.
Hacer buenas (o malas) migas.
El amor es estupendo, pero dando y recibiendo.
Piénsate mucho a quien escoger como amigo, pero piénsalo aún más cuando decidas cambiarlo.
Hacer como vaca y cubrir como gata.
El que pestañea pierde.
El que guarda, halla.
El que de treinta no sabe y de cuarenta no tiene, no lo aguarde si no es que herede.
No hables por boca ajena.
Jurar como carretero.
El que del campo viene, cenar quiere.
Caridad con trompeta, no me peta.
Cuando te den, da.
Aguantando regañinas, se aprenden las artes finas.
Uno trabajando y cuatro mirando, el caminos está arreglado.
Hombre hablador, nunca hacedor.
El agua hace sudar; el vino, cantar.
Me lo contaron y lo olvidé. Lo vi y lo entendí. Lo hice y lo aprendí. (Confucio, 551-479 a. C.)
Agarra al toro por los cuernos, al hombre por la palabra.
Más vale creerlo que irlo a ver.
Abre el ojo, y te ahorrarás enojos.
Mal me huele, quien mucho huele.
Bien convida, quien prestó bebe.
Del reir viene el gemir.
Dí lo que quieres, que yo no estoy en casa.
Dar cuenta clara con paga, es de persona honrada.
Del mirar nace el desear.
Si quieres hablar mal de alguien, hazlo por donde no sople el aire.
Llegar y besar, suerte es singular.
Mejor que juntar las manos para rezar, es abrirlas para dar.
La casa quemada, acudir con el agua.
Madre quiero ser, e hijos tener.
Bueno es beber, pero no hasta caer.
Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas de los demás.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
No rompas el silencio si no es para mejorarlo.
No se cazan liebres tocando almireces.
Al saber lo llaman suerte.
Ser el último orejón del tarro.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
Cuando el gallo canta y después bebe, pronto truena o llueve.