A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Miel sobre hojuelas. (para indicar que algo es muy bueno)
Del cobarde, no se ha escrito nada.
Más vale dar a ruines que rogar a buenos.
Cada cual mire por su cuchar.
Dar una higa al médico.
Es mejor deber dinero y no favores.
Lo ajeno place a nosotros y lo nuestro a otros.
¿Con caballo, con dinero y sin mujer, cuándo se te vuelve a ver?.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.
La peseta, la vela y el entierro por donde quiera.
Mucho Madruga el que una cartera que encontró; pero más Madruga el que la perdió.
A la vaca que no se cubre, se le seca la ubre.
Quien rompe una tela de araña a ella y a él de daña.
Pan, que en la boda de un cojo lo dan, pero no a todos los que van.
Aunque me veas vestida de lana no soy borrego.
Muestra gran respeto por tu semejante.
A buen amigo buen abrigo.
Ni en invierno ni en verano, dejes la manta en casa del amo.
Tú vas a Roma a buscar lo que tienes a tu umbral.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.
Miente una sola vez y no te creerán después aunque digas la verdad.
Que no te den gato, por liebre.
A la fuerza ahorcan.
Las penas, con un cullillo de palo degüellan.
Querer es poder.
Haz cien favores, deja de hacer uno y como si no hubieras hecho ninguno.
El temor modifica tu conducta.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
El veneno como el perfume vienen siempre en frasco pequeño.
También al verdugo ahorcan.
Fui donde no debí, ¡y cómo salí!.
Los ladrones y los nabos no quieren ser ralos.
Hay que amarrar el tamal.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
La envidia acorta la vida.
Castañas en cocción, en otoño o en invierno, buena alimentación.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
Limando se consigue de una piedra una aguja
El amor de la mujer, en la ropa del marido se echa a ver.
Casa mía, casa mía, por pequeña que tú seas me parece una abadía.
Quien en tierra lejana tiene hijo, muerto le tiene y espérale vivo.
Te puedes arruinar por porfiada y por fiar.
El corazón no habla, pero adivina.
Hasta el más capón se los hecha al hombro.
Un cobarde piensa que vivirá para siempre si evita a sus enemigos; pero ningún hombre escapa a la vejez, incluso si sobrevive a las lanzas.
No puedes poner maíz en una canasta con huecos.
Entre hoz y vencejo muere la mujer y huye el mancebo.
En este mundo traidor, de cagar nadie se escapa: caga el rico caga el rey, caga el obispo y el Papa.
Más imprevisto e incierto, que pedrada en ojo tuerto.