Quién dice la verdad nunca se equivoca.
La labor de Enero no la cambies por dinero.
El Diablo no se harta de romper suelas.
En cama extraña, no se junta las pestañas.
Campo florido, campo perdido.
No te alabes tanto si quieres llegar a santo.
Muchos componedores descomponen la novia.
Faltando el agua al granar, mal acaba el pegujal.
Quien mucho escucha, su mal oye.
Soy el castigo de Dios, si no hubieses cometido grandes pecados, Dios no habría enviado un castigo como yo sobre ti
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
Amigo de mesa y mantel, no fíes de él.
Lo que se ve, se aprende.
Antes de meter, prometer.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
Ningún rencor es bueno.
No juzgues el barco desde tierra
La fortuna es una rueda: gira hacia adelante y hacia atrás.
Los objetos externos son incapaces de dar plena felicidad al corazón del hombre.
Hablar por referencias es casi mentir.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Como chancho en misa.
Sí, sí y no, no, como Cristo nos enseñó.
Unas veces riendo y otras llorando, vamos pasando.
Bloque de pisos grandes, guerra de vecindaje.
Es preferible sufrir un agravio que causarlo.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
Quien te adula, te traiciona.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
Propagación mear no espuma.
Los pastores serán brutales con las ovejas mientras las ovejas sigan siendo estúpidas.
A consejo de ruin, campana de madera.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
El hablar mismo idioma.
Cuando el malo es remalo, de nada sirve el palo.
La suerte es loca y a todos nos toca.
La vida, como las motos, no tiene reversa.
Mal me quieren mis comadres porque digo las verdades.
Mal me quieren las comadres, porque les digo verdades; mal me quieren las vecinas, porque les digo mentiras.
Llenar el tarro.
Por males de nervios nunca se tocó a muerto.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
Acudir a los palabras y no a los puños, como es propio del caballero.
Con todos corro y con ninguno me paro.
Quien se mete a redentor, lo clavan, como al Señor.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
Como me crecieron los favores, me crecieron los dolores.