Hay que arar con los bueyes que se tenga.
Campo florido, campo perdido.
Quien mucho escucha, su mal oye.
Muchos componedores descomponen la novia.
Amigo de mesa y mantel, no fíes de él.
No te alabes tanto si quieres llegar a santo.
El Diablo no se harta de romper suelas.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
Faltando el agua al granar, mal acaba el pegujal.
En cama extraña, no se junta las pestañas.
Lo que se ve, se aprende.
El Dios (el hombre divino) está siempre en los éxitos, y el hombre (terreno) en sus fracasos.
Soy el castigo de Dios, si no hubieses cometido grandes pecados, Dios no habría enviado un castigo como yo sobre ti
Antes de meter, prometer.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
Dios hace lo que quiere, y el hombre, lo que puede.
No juzgues el barco desde tierra
La fortuna es una rueda: gira hacia adelante y hacia atrás.
Ningún rencor es bueno.
Hablar por referencias es casi mentir.
Los objetos externos son incapaces de dar plena felicidad al corazón del hombre.
Es preferible sufrir un agravio que causarlo.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Sí, sí y no, no, como Cristo nos enseñó.
Como chancho en misa.
Unas veces riendo y otras llorando, vamos pasando.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
El hablar mismo idioma.
Quien te adula, te traiciona.
Olla que hierve arrebatada, olla malograda.
Los pastores serán brutales con las ovejas mientras las ovejas sigan siendo estúpidas.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
Bloque de pisos grandes, guerra de vecindaje.
Cuando el malo es remalo, de nada sirve el palo.
A consejo de ruin, campana de madera.
Propagación mear no espuma.
La suerte es loca y a todos nos toca.
Por males de nervios nunca se tocó a muerto.
Llenar el tarro.
Mal me quieren las comadres, porque les digo verdades; mal me quieren las vecinas, porque les digo mentiras.
La vida, como las motos, no tiene reversa.
Mal me quieren mis comadres porque digo las verdades.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
Acudir a los palabras y no a los puños, como es propio del caballero.
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
Con todos corro y con ninguno me paro.
Como me crecieron los favores, me crecieron los dolores.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
El ladrón empieza robando un alfiler y llega a robar un imperio